EFE
.- El anillamiento científico de las aves silvestres permite a los
ornitólogos
y científicos acercarse a los distintos aspectos de su
biología, de tal forma, que estos llegan a tener un conocimiento
bastante preciso de su conducta, de su biología y de sus patrones de
migración.

Hace a penas algo más de un siglo que los estudiosos de las aves
pusieron en marcha esta técnica para identificar a las aves, que
consiste en la captura de ejemplares de distintas especies sobre las que
se coloca en una de sus patas una anilla metálica que las identificará
durante toda su vida.

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José Manuel Hernández, ornitólogo y anillador de la Sociedad Española de
Ornitología (SEO-BirdLife), ha explicado a Efe que esta técnica
consiste en individualizar a cada una de las aves marcadas con una
anilla que se convertirá, mientras viva, en el equivalente a su
Documento Nacional de Identidad (DNI).

Durante la vida del ave, los ornitólogos pueden obtener información
sobre ella a través de recaptura, identificaciones a través de
observaciones o cuando es recupera muerta, siempre contrastando los
datos que aporta ese DNI y que se incluye en una gran base datos, cuya
información está al alcance de los estudiosos.

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José Manuel Hernández ha comentado que, de esta forma, la persona que ha
marcado en un momento determinado el ave pueda tener a lo largo de su
vida una información adecuada de dónde está o en qué circunstancias se
encuentra.

La identificación de las aves ha experimentado un importante avance en
las últimas décadas, y de las anillas, collares o bandas alares con las
que tradicionalmente se marcan, se ha pasado al radioseguimiento a
determinadas especies vía satélite.

En España, el anillamiento científico comenzó en 1930 cuando se
colocaron las primeras anillas sobre 53 ejemplares de Cigüeña blanca,
sin embargo, sería a partir de los años cincuenta cuando la Sociedad de
Ciencias Aranzadi de San Sebastián impulsó de manera más metódica y
sistemática el seguimiento de las aves a través de esta técnica.

Hernández ha advertido que, en apenas un poco más de un siglo, el
anillamiento científico en Europa ha permitido tener un conocimiento
acertado de las migraciones de las aves, que fue el motivo por el que se
diseñó esta estrategia de investigación.

Realizar un seguimiento de las aves y poder averiguar dónde van una vez
que abandonan las zonas de cría y dónde van a pasar el invierno o por
dónde cruzan en sus viajes, ha sido posible gracias a esta técnica de
seguimiento.

Los trabajos de recopilación de información de las aves marcadas, ha
subrayado el ornitólogo, "nos han permitido conocer otras muchas más
cosas sobre ellas, como conocer su longevidad, su conducta o su biología
que, después, se aplica en su propio beneficio".

Toda la información que se obtiene de cada una de las especies, como el
lugar donde ha sido captura, su estado de alimentación, el sexo o la
longitud de las alas, entre otros datos, pasan a formar parte del Banco
de Datos de la Oficina de Anillamiento, donde quedan a disposición de
quienes quieran consultarlos.

El anillamiento supone la manipulación de las aves en vivo, lo que, ha
advertido Hernández, limita esta actividad a personas formadas, de tal
forma, que se garantiza la integridad de los ejemplares capturados y se
avala que la toma de los datos es correcta.

En la práctica del anillamiento científico prima sobre cualquier otra
cosa el bienestar de las aves, ha comentado, por lo que el anillador
debe conocer y asumir los riesgos y precauciones que se han tener en
cuenta a la hora de realizar las capturas en el campo.

Hernández ha puesto en valor la importancia científica que esta
actividad ha tenido en los últimos cien años y que, ha asegurado, "nos
ha permitido y nos sigue permitiendo garantizar la conservación de
numerosas especies de aves en España y en Europa".