En Guayaquil está naciendo una pequeña isla, así denominan los ambientalistas el proceso que ocurre en El Palmar, ubicado en la desembocadura del río Daule, donde se une con el Babahoyo y forma el Guayas.
Biólogos de las universidades de Guayaquil y de Especialidades Espíritu Santo (UEES) coinciden en que este “pequeño paraíso” de 16 hectáreas contiene variedad de especies faunísticas, en especial de aves, al menos unas 48 –algunas de ellas migratorias–, pero también posee diversidad de flora.
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Las aves son las que precisamente han hecho conocido este islote debido a la sobrepoblación de dos de sus especies; el pato silbador ventinegro (Dendrocygna autumnalis) y el pato silbador canelo o maría (Dendrocygna bicolor).
El problema es que ambas especies vuelan en la ruta de aeronavegación del aeropuerto José Joaquín de Olmedo, registrándose varios percances.
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Según las estadísticas de la Dirección General de Aviación Civil (DGAC), entre el 2009 y 2010 se han incrementado los impactos de aves contra las aeronaves en el 50%; en lo que va del año fueron 18. La mitad ha sido entre las fases de aterrizaje, que va a una altura aproximada de 60 metros, y en el despegue, a 150 metros.
Ante estos incidentes, el Ministerio del Ambiente (MAE) roció vinagre a la vegetación del islote, para que se secara y las aves ya no la consideraran ideal para alimentarse y anidar. Estos trabajos fueron descartados porque “no se obtuvo el resultado esperado”, según esta secretaría de Estado.
Otra de las acciones más recientes fue la instalación de mallas en el islote, lo que se realiza desde la semana pasada para evitar que las aves se posen.
En un recorrido que realizó este Diario el domingo y martes pasados en El Palmar se encontró que las redes solo se habían colocado sobre una parte del islote y no en 4.000 metros cuadrados como indicó este lunes, mediante un comunicado, la directora nacional de Biodiversidad, Isabel Endara, quien además explica que este es solo un plan piloto que se estudiará y evaluará para determinar su eficacia o no.
Endara enfatiza que las mallas no significan un peligro para las aves. “No las atrapa, ni las mata, sino que impide su acceso al islote. Esta malla es utilizada en agroforestería, se la coloca para evitar que las aves dañen los sembríos de frutas y vegetales”, señala el informe.
Sin embargo, el viernes pasado, a la decana de la Facultad de Ciencias Naturales, Carmen Bonifaz, el Ministerio del Ambiente le informó que seis aves habían quedado atrapadas entre las redes y que se las enviarían para un examen de contenido estomacal.
Hasta el martes pasado las aves no habían sido recibidas en la Facultad de Ciencias Naturales de esta Universidad, aunque el Ministerio insistía en que sí lo había hecho con el propósito de conocer la causa de su deceso, la que negó fuera originada por las redes que instalaba hasta ayer personal del Parque Nacional Galápagos (PNG).
“...No se descarta que con intención maliciosa hacia esta cartera de Estado se haya introducido algún tipo de veneno”, indica el comunicado.
Bonifaz, quien recorrió el islote el martes pasado en compañía del geólogo Hugo Lozano; un experto en aves, Félix Man Gines; y en vertebrados, Betty Salvatierra, considera que las mallas, las que miden 1,50 metros de alto por 4 m de ancho, son muy altas y las aves sí podrían quedar atrapadas.
Esta observación la hizo días antes la bióloga Nancy Hilgert, de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo, quien recomendó una medida de “30 o 40 centímetros de alto”.
Bonifaz, quien es experta en flora, en compañía de un grupo de seis estudiantes y especialistas de la Facultad de Ciencias Naturales de la Escuela de Biología recorrió el islote para identificar las clases de plantas que crecen en esa zona.
Entre las especies halladas, y de las que se tomaron muestras, están la convolvulácea (pertenece a la familia de plantas herbáceas, enredaderas y arbustivas con flores en forma de embudo), ciperáceas (parecidas a los pastos, muchas de ellas son polinizadas por el viento. La inflorescencia básica es una espiguilla), poligonácea (se caracteriza por poseer hojas simples alternas y flores por lo general pequeñas y agrupadas en espigas o racimos).
Pero la especie más predominante es la typha (distribuida en pantanos y humedales).
Bonifaz recolectó otras plantas para elaborar un informe sobre El Palmar, el que enviará al Municipio de Guayaquil y al Ministerio del Ambiente.