Olga Gutiérrez, una enamorada del pasillo

Olguita Gutierrez cantante argentina.
Olguita Gutierrez cantante argentina.
Olguita Gutierrez cantante argentina.
10 de Octubre, 2010
10 Oct 2010

En el pequeño departamento que alquila en el centro de Guayaquil, acompañada de una veintena de discos de vinilo (long play) de su época con Los Brillantes y como solista, también de medallas y reconocimientos, la cantante argentina Olga Gutiérrez (de 82 años) hace un viaje en su memoria a su infancia, donde empezó su sólida relación con la música a lo largo de su vida. Ella nació en Quimilí, Santiago del Estero en Argentina. Sus padre tenía una hacienda y era ganadero, mientras que su mamá mandaba en la casa donde había montones de empleados, según recuerda. Sentada en su silla de ruedas (a causa de la diabetes le amputaron la pierna derecha y pronto usará una prótesis que cuesta 8 mil dólares), se lamenta por la ingratitud de las autoridades ecuatorianas de 1966, cuando ella representó al país en el Festival of Music And Song, en Hollywood, y ganó la Palma de Mallorca. “Nadie nos felicitó, llegamos como si hubiéramos ido a Yaguachi”, señala. Al hablar de su vida musical que la ha unido por siempre al pasillo ecuatoriano, recuerda con cariño al desaparecido comediante Ernesto Albán con quien recorrió el país y la apoyó mucho. La artista cuenta que al morir quiere que parte de sus cenizas las esparzan en Sígsig, Azuay. El 14 de este mes Gutiérrez será galardonada como la Reina del Pasillo ecuatoriano, por la agrupación cultural Los Trovadores en una gala con música y recuerdos.

¿De quién heredó el canto?
De mis abuelos. Ellos nos reunían en su casa que tenían en una zona hermosa. Mi abuelo fue fundador del pueblo. Hacían tertulias familiares los fines de semana, mis tíos tocaban el piano, la guitarra, o ponían la pianola.

¿Cuándo se subió por primera vez en un escenario?
Cuando tenía 2 años mi madre me puso en un escenario y canté. Era una fiesta que había por algo del pueblo. Me puse a cantar Charito. –Interrumpe la respuesta y dice:– “Mire, para contarle cosas de mi vida usted necesita una semana para que las conozca”.

¿Cuándo empezó a cantar profesionalmente?
A los 18 años. Siempre canté sola. Había un amigo mío que ponía a los artistas donde la gente bien –los “pitucos”– iban a tomar té. Tocaba una orquesta de cámara y había unos dos o tres artistas. Él me dijo: Quieres venir a cantar el bolero Somos y me acompañó en el piano. Como la gente me aplaudió tanto, él me mandó a cantar otro temas. Trabajé ahí dos semanas y luego me tuve que ir a Brasil a cantar. Mi madre me dio un poder para que viajara, porque yo era menor de edad.

¿Su primer disco, cuándo lo grabó?
¡Huy!, eso no me acuerdo, fue muchos años después porque yo cantaba y estaba recorriendo un país y otro, haciendo recorrido por toda Sudamérica. Me pagaban muy bien. Después de Brasil me fui a Venezuela y no paré de viajar.

¿Quién le componía los temas?
Yo no buscaba a nadie que me compusiera, escogía lo que veía, cualquier compositor. Cuando otro artista hace éxito de algo yo no lo canto, canto lo que yo hago como éxito mío. De Argentina me venían por montones los arreglos, porque había los derechos de autor que se respetaban y que aquí cuando yo llegué no habían.

¿Qué originó su primer contacto con Ecuador?
Yo no quería venir para acá porque era un país chiquito que no pagaban lo que yo exigía en esa época, seis mil dólares por semana. Mi agente había hecho el contrato con el gobierno de Carlos Julio Arosemena Monroy para cantar en la recepción en honor del Duque de Edimburgo, el esposo de la reina Isabel II. Yo no quería porque estaba interesada en ir a México donde tenía un compromiso con Tony Aguilar para hacer películas.

¿Cómo fue ese primer encuentro?
Muy desagradable porque en Quito tenían una forma brusca de jugar el carnaval. Yo venía con mi pelo plateado y me dirigí a una farmacia y a lo que me bajé del automóvil me tiraron de arriba agua con cáscaras de papas y semillas de zapallo. Estaba como loca, quería irme, dije “qué es esto, vine a un país de jíbaros”.

¿Por qué volvió al poco tiempo?
Circunstancias de la vida. Yo estaba en Managua en el hotel Continental y me llamó Eduardo Erazo. Habíamos hecho amistad con el trío Los latinos del Andes (de Ecuador) integrado por él, Héctor Jaramillo y Homero Hidrovo. Estaban en Panamá, ellos habían ido a cantar gratis, porque el artista nacional va a trabajar gratis, solo te dan para el pasaje y algo para comer. Me fui a Panamá por mi cuenta y les dije que estaba grabando con la Orquesta Sinfónica en Managua y me los llevé y grabaron allá y de ahí me los llevé a México con mi dinero. Trabajamos (como el cuarteto Los Brillantes) allá casi un año y teníamos contrato en Venezuela y Panamá. Cuando empecé a cantar sola, don Ernesto Albán, mi gran amigo, me contrató para ir a cantar a los pueblos. Pasaba en el hotel de lunes a viernes y el fin de semana salía a pueblear. Ahí conocí el país de cabo a rabo... dormía en hotelitos donde no había cama sino un catre, pero me encantó todo eso que viví.

¿Con Los Brillantes qué tanto éxito alcanzó?
El éxito y la trayectoria de Los Brillantes son así de chiquititos (señala la yema de uno de sus dedos), pero se hizo tan rimbombante aquí. Esto puede ser por el repertorio que escogimos, porque yo tenía mucho cuidado para escogerlo... pero Los Brillantes existimos un año y medio.

¿Hasta dónde se extendió la música del cuarteto fuera del país?
A mí, el señor Carlos Pino Plaza me regalaba los extended play (discos de vinilo de 7 pulgadas) que tenían cuatro canciones, yo tenía amigos comunistas que viajaban por el mundo y se iban a cualquiera de los países comunistas Rusia o Ucrania y se los regalaban. Yo me di cuenta años más tarde de lo importante que fue eso. Un día estaba en Buenos Aires y un señor me dice: Por qué no canta Esa guitarra vieja que me acompaña. Él era de Checoslovaquia y allí la había oído.

¿Cuántos discos grabaron?
Pocos, realmente no quiero mentirle porque la verdad no me acuerdo. Ahora, de los que grabé personalmente, ni idea, porque grabé para Brasil, Colombia, Ecuador, República Dominicana y Venezuela. Hay unos que ni los he oído y que grabé con la Sinfónica en Managua. No soy de las que coleccionan discos, ni fotos, solo tengo una muy querida para mí con los presidentes que conocí. Los artistas somos la última tapa de la olla, nos usan y nos dejan ahí y digo nos usan porque muchas veces nos llaman para cantar gratis.

¿Eso se da también en Argentina?
¡Nooo!, hay un sindicato bien formado, hay unión de los artistas. Yo les he dicho a varios artistas de acá unámonos, vamos a hablar con el Presidente de la República, pero cada uno mueve para su molino. Aquí hay artistas que tienen dos o tres pensiones vitalicias, pero porque andan lambuceando (adular).

¿De su trabajo queda alguna fortuna?
Nada. Es que a un artista –a menos que sea muy consagrado o viene de otro país como México– no le pagan bien. Aquí internacionalmente no lo contrata nadie. Me acuerdo cuando estábamos en México, decían que la mejor plaza era Ecuador, porque ganaban 100 mil a 50 mil dólares y los artistas ecuatorianos 200 dólares.

¿De qué vive ahora?
De los trabajos que hago, gracias a Dios no me falta trabajo. Ahí está lo que hice recientemente con Juan Fernando Velasco. Hago mis recolecciones de discos y las vendo.

¿Tiene propiedades en Ecuador?
No, acá no tengo nada.

¿Cuándo fue la última vez que trabajó en el exterior?
Hace un año, porque con el problema de la pierna... (se la amputaron).

¿Qué es lo que más le gusta del pasillo?
Yo no canto nunca lo que no me gusta y hay muchas cosas que no me gustan, por ejemplo, el tema Rebeldía o el bolero Ojalá que te mueras, cómo voy a cantar eso. O Te odio y te quiero.

Siendo extranjera, ¿se siente embajadora del pasillo ecuatoriano?
No me siento extranjera y me duele cuando me lo dicen, porque yo, la señora Olga Gutiérrez, soy la artista que más ha hecho por la música del Ecuador en el mundo. Porque cuando yo hice la música con Olga y Kiko (segunda pareja) ese fue un disco que fue un hueso aquí cuando lo grabamos, nos casamos y nos fuimos. Fuimos contratados por los Hilton de Europa durante un año y cantábamos siempre música ecuatoriana.

¿Cuándo surgió el flechazo de amor con Héctor Jaramillo?
Ese fue el peor error de mi vida –se pone a la defensiva y enojada– del que prefiero no hablar. Como compañero (en el canto) era incomparable.

¿Cuándo apareció Kiko González en su vida?
En el año setenta, ya nos conocíamos porque frecuentábamos el mismo grupo, pero nunca nos habían presentado, él me veía y yo lo veía. Estuvimos juntos 39 años. Fue una linda relación que se terminó también por la infidelidad, que no quiero nombrar porque heriría a mi hijo y le digo así porque lo crié desde los 20 días. Él me dijo: ‘Quiero que críes a mi hijo que tuve con alguien’. Una mujer como yo, de 56 años, no podía criar un bebé, pero mis hermanas sí, porque tuvieron hijas, lo criaron como si fuera su sobrino.

¿Qué la llevó a radicarse en Ecuador y nacionalizarse?
Porque estaba aquí y me afinqué. La verdad es que si yo tuviera un dinero como para pasar los últimos años, me fuera, porque hay mucha ingratitud. La verdad me siento mal, desearía irme.

¿El público ha sido ingrato?
¡No!, el público divino, me abraza, me besa, no me deja caminar cuando voy al teatro, cuando vendo mis disquitos para ayudarme un poquito. Digo de las entidades, incluso amistades que han vivido y se han beneficiado conmigo y que ahora ni siquiera me llaman.

¿Adónde se iría?
A Argentina. Quisiera que aunque me muera allá traigan parte de mis cenizas al Sígsig, donde encontré la gente más hermosa del mundo.

Olga Gutiérrez, una enamorada del pasillo
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2015-03-19T20:43:02-05:00
La artista cuenta que al morir quiere que parte de sus cenizas las esparzan en Sígsig, Azuay. El 14 de este mes Gutiérrez será galardonada como la Reina del Pasillo ecuatoriano, por la agrupación cultural Los Trovadores en una gala con música y recuerdos.
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