Siempre me pregunto de qué modo el mismo compositor hubiese interpretado sus obras. Sabemos que Beethoven era un pianista fuera de serie. Cuando terminó la sonata Nº 29 conocida cono Hammerclavier dijo. “Quizás dentro de cien años, los pianistas podrán tocar eso”. En cualquier mano a mano con los virtuosos de Viena, salía triunfando.
En la biografía que le dedicó Edmond Buchet supe que Beethoven no tocaba con excesiva fuerza (a pesar de una sordera que hubiera podido impulsarlo a ello). Lo mismo se dijo de Chopin. Esa forma de tocar se llama elegancia.
El Concierto Nº 5 llamado Emperador (nombre más bien nacido de una anécdota pues Beethoven prefería llamarlo Gran concierto y lo dedicó al Archiduque Rodolfo) es sin lugar a dudas el más brillante. Boris Cepeda nos dio una personal interpretación. Muchos pianistas tocan el último movimiento con excesivo ímpetu, mientras Boris prefirió una interpretación fina, precisa sin concesiones a la gestualidad.
Publicidad
David Harutyunyan optó por formar una orquesta de cámara como era lo indicado aunque existan versiones con acompañamiento sinfónico completo.
Si escuchan en Google la versión de Lorena Eckel con la Orquesta Sinfónica de Trujillo (Perú) tendrán una idea del posible y peligroso desborde. Boris tiene una particular admiración por la interpretación de Wilhelm Kempff, equilibrado, mesurado en su forma de tocar. Boris domina la digitación, la parte técnica, puede dedicarse a la emoción interpretativa. En el adagio llegó a veces al filo del pianissimo.
La parte de la orquesta, grave, sumamente dulce, permitió al solista deslizarse en una melodía serena, casi religiosa.
Publicidad
Publicidad
Fue realmente un cantabile aunque el compositor lo haya bautizado adagio un poco mosso (lento con algo de movimiento).
El piano entró de puntillas. Al terminar, y sin interrupción preludió con unos acordes el rondo final. Recordemos que el rondo indica la presencia de un estribillo, asimismo como ocurre en el último movimiento del concierto para violín del mismo Beethoven. Boris prefirió la finura al arrebato: nosotros también.
Es importante recordar que el solista se presenta con cierta frecuencia en conciertos internacionales, a veces con el violinista Jorge Saade.
El programa hace notar que Boris interpretó el concierto para piano de Schumann en la gran sala de la Filarmónica de Berlín, retransmitido en toda Europa.
La Sinfonía Nº 2 de Borodin fue el plato fuerte de la noche. Obra difícil de orquestación espesa, contrastes rítmicos complejos, motivo por el cual, quizás, fracasó en su primera interpretación.
El primer movimiento en el que las cuerdas inician al unísono una melodía de nueve notas es obra maestra de composición pues oímos desde el inicio hasta el final aquellas nueve notas en hermoso desarrollo, así como sucede con las cuatro de la quinta sinfonía.
Publicidad
En el caso de Borodin, largos acordes contrastan con la energía lírica del conjunto orquestal. Resultó muy hermoso el segundo movimiento cuando el arpa acompañó con arpegios a un corno melancólico en un tema reprisado luego por el clarinete.
El último movimiento fue una fiesta donde andanadas de la misma nota disparadas por los cornos y las trompetas lucieron estimulantes hasta la culminación soberbia de la obra. Una noche hermosa, la presencia de un público más numeroso que de costumbre: es buena señal.
Nos preocupa que Juan Castro y Velásquez ya no esté para asumir los contactos con grandes solistas internacionales. Podría en el futuro hacer mucha falta o provocar en el seno de la orquesta una pequeña crisis.















