Federico, empinado en sus muy pronto estrenados 7 años, solo hablaba de la computadora. Había venido a conocer a la tía abuela de Ecuador y aunque estaba de vacaciones su preocupación era no llegar a tiempo a Montevideo para recibir “su” computadora. Esta era parte del plan Ceibal. El ceibo es el árbol cuya flor es símbolo nacional en Uruguay. Las flores en racimo rojas carmesí son hermosas y el árbol se defiende con espinas.
Me explicaron en qué consiste el plan Un niño, una computadora, que el gobierno socialista uruguayo presidido por Dr. Tabaré Vázquez (que no quiso ser reelegido ni impulsó cambios constitucionales para lograrlo) puso en marcha desde el año 2007. El objetivo es que todos los niños de la escuela pública y sus maestros cuenten con un computador portátil, que llevan a su casa, que tiene conexión a internet y asegurado servicio técnico.
Los alumnos de las escuelas privadas también podrán tener sus computadoras a precio de costo (cien dólares).
Lo que aseguró el apoyo internacional al plan fue que la propuesta vino del poder Ejecutivo, que tomó una medida revolucionaria, acortar la brecha tecnológica donde se están definiendo los verdaderos analfabetos de hoy y del futuro: entre los que manejan tecnología e internet y entre quienes no lo hacen. Se han entregado más de 350.000 computadores a los niños y 16.000 a maestros. Los primeros en recibirla en el 2007 fueron los niños en Villa Cardal, un pueblo que tiene 1.290 habitantes y una sola escuela con 250 niños. Primero se completó la entrega en zonas rurales y capitales de provincias (departamentos los llaman en Uruguay), para significar que se comienza por los más desfavorecidos. Federico que estudia en la capital, vio con asombro que el primer niño de su clase en ser llamado para recibirla no fue el mejor alumno sino el que tiene más problemas para aprender…
Cada computadora viene equipada con los programas correspondientes a su grado y al inmediato superior y trae bloqueado accesos a programas que no son convenientes. Los padres reciben clases para estar, por lo menos, en igualdad con sus hijos. Es todo un desafío buscar información en internet, pintar en la pantalla o chatear con amigos lejanos.
Mientras tanto yo pasé gran parte de las vacaciones escolares de la última semana haciendo repasar a una niña de 7 años la prueba del 9 en la suma y en la resta. La prueba es una operación para demostrar que se realizó bien la adición. Hay que hacer 5 operaciones extras para ver si sumó bien o no… En la resta son 6… He preguntado a doctores, estudiantes y economistas por la prueba del 9 y pedido que la realicen. En todos los casos, 5 en total, fue un fracaso total… ¿Por qué la aprenden pregunté? Porque en el colegio la necesitan… Y ¿para qué la necesitan en el colegio? Silencio…
Educación de la repetición, por la repetición, para la repetición, no para el cambio del que se tienen que adueñar los que aquí votamos para ser ciudadanos en todas las instancias, no callados y asustados seguidores de las órdenes que emanan de lo alto… La escuela debe ser un laboratorio de creatividad. Las experiencias no se pueden extrapolar pero sí se debe aprender de ellas y saber que es posible. Para que la revolución ciudadana sea eso: revolución y ciudadana.