Hace 40 años, el ser humano pisó por primera vez el suelo lunar. La misión estadounidense del Apolo 11 no solo cambió la historia de la humanidad, sino también la manera en que vemos y consumimos televisión.
Desde entonces creemos ciegamente en cualquier cosa que aparece en la televisión.
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No solo eso, la mente humana se encierra al imaginativo, pero finito mundo de un niño, donde aún se puede lucir fascinado por los misterios del universo sin parecer un idiota sentimental, el cual deduce que no vivimos en un planeta, pero entre las estrellas. Eso era antes.
La inocencia fue perdiendo conciencia a lo largo del tiempo y del espacio. Si en el pasado los astronautas eran recibidos como héroes, la actualidad presenta un panorama más desolador que los cráteres de nuestro satélite natural.
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Mientras que las posteriores misiones del programa Apolo recibían menos interés de los televidentes, la incredulidad crecía; y el mundo que veía con sorpresa la conquista espacial, comenzó a interesarse en asuntos mucho más terrenales.
Uno puede encontrar en lo siguiente motivos de estudio que rayan en lo sociológico y hasta en lo absurdo. Pero se puede trazar una línea imaginaria que marque claramente cómo la televisión ha ido involucionando junto al hombre desde finales de los sesenta.
Si antes el planeta entero se unía para presenciar acontecimientos que sacudían al mundo libre como la hazaña lunar que tanto hemos mencionado, la caída del muro de Berlín o momentos más mundanos, pero no menos importantes como la primera aparición de la banda inglesa The Beatles en televisión norteamericana; hoy este medio nos da justamente lo que queremos ver.
Se puede aducir que la libertad del hombre se ve reflejada en sus gustos televisivos. Pero gracias a estas pequeñas victorias personales ganadas cada vez que el macho alfa decide qué canal ver, es que el cerebro va quemando neuronas con el hipnotizante contorneo de un par de tetas.
Hoy nos sentamos como pavos mutados frente a nuestra caja favorita para asistir televisivamente al funeral de Michael Jackson, Ladi Di y John F. Kennedy Jr. Sin desmerecer a estos personajes, el sensacionalismo y el morbo juegan un papel más importante que el respeto en horas de dolor.
Igualmente se ven por millones programas como ‘American Idol’, ‘Bailando por un sueño’ o la telenovela de moda, sin darnos cuenta de que no solo asesinamos nuestro intelecto, sino también el de los pequeños espectadores, quienes saben quién es Betty la Fea, el Compadre Garañón y Patito Feo y no el nombre del primer hombre en la Luna.
De 1969 al 2009, 40 años donde la televisión se va pareciendo más a nosotros; predecible, un poco aburrida y plagada de errores.
Pero a diferencia de las máquinas, si algo nos enseñó la carrera espacial, es que fue el hombre quien prevaleció ante todo y es el único capaz de aprender un poco más y en este caso cambiar sus hábitos televisivos.
En este cuadragésimo aniversario de la llegada del hombre a la Luna, científicos, astrónomos y los propios astronautas debaten constantemente si deberíamos regresar. Pero analizando más detenidamente sus posturas, y las comparamos con sus costumbres frente a la televisión, podemos concluir deduciendo que el hombre verdaderamente sigue en la Luna.