El primer fruto de la salvación es el reconocimiento de la bondad de Dios, que actúa a través de Jesús, y que despierta en nosotros el agradecimiento.
El camino de la salvación está abierto a todos, sin ningún tipo de exclusiones.

#2
¿Qué compromiso nos pide el Señor?
Expresar, al Señor, nuestro agradecimiento-respuesta con una vida nueva.
Creyente es la persona que, al recibir el don de Dios como el leproso samaritano, responde al Señor con una vida nueva.
Para los leprosos judíos, Jesús era un simple curandero, que sanándoles, no les hizo cambiar de vida.
El samaritano, en cambio, encuentra en Jesús algo nuevo y regresa a darle gracias porque el cambio que se ha realizado en su cuerpo ha empezado a cambiar su vida; y por eso se pone al servicio de Jesús que le introduce en el campo del amor de Dios.
Nosotros, hoy, a través de los sacramentos nos ponemos en contacto con el Cristo resucitado y resucitador, que nos ofrece su fuerza curativa. Pero los frutos de ese encuentro dependen de nuestra fe, y de nuestro auténtico deseo de cambiar de vida.
Si descubrimos en Jesús al Hijo de Dios y nos abrimos a su amor, viviremos la experiencia del samaritano, y sanados y salvados por él, regresaremos agradecidos al encuentro del Señor, dispuestos a vivir una nueva relación de fe y de amor con él.

Publicidad

#3
¿Cuál es mi respuesta, hoy?
* Comprometerme a clarificar mi fe para pasar de un Cristo curandero al Cristo Hijo de Dios que quiere cambiar nuestra vida.
* Mi vida nueva, marcada por los valores del Evangelio, es mi único carné de identidad que me identifica como cristiano.
* Para clarificar la fe, leer en el Catecismo de la Iglesia Católica los números 142 y 167.

EVANGELIO
Lectura del Santo Evangelio según san Lucas
Asamblea: Gloria a ti, Señor.

Publicidad

En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”.

Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.

Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio gracias. Ese era un samaritano. Entonces dijo Jesús: “¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?”. Después le dijo al samaritano: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”.

Palabra del Señor.
Asamblea: Gloria a ti, Señor Jesús.