En un programa de televisión, la presentadora hacía relación a la sugerencia de un televidente en cuanto a la delincuencia y específicamente los secuestros express, quien decía que los ciudadanos deberían hacer conciencia y eliminar de sus vehículos las películas antisolares.

Las películas antisolares son otorgadas no a quien realmente las necesita sino a quien tiene cómo pagar por el “servicio”. Así vemos que hay carros sin placas, sin matrículas pero eso sí, con películas antisolares hasta en los parabrisas delanteros.

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Esto nos conlleva a pensar que, por un lado, el uso de películas antisolares en los vehículos, es parte del satatus criollo y, que por otro lado, el negocio de las películas es altamente rentable no solo para quien las produce sino para quien la distribuye en el país, a los que se le suma la cadena que se inicia entre los tramitadores de los alrededores de la CTG, los solícitos oficiales que otorgan los –en la mayoría de las veces– ilegales permisos, hasta llegar al pobre colocador callejero de las películas.

La cadena podría ocurrírsenos que es mucho más grande o amplia si consideramos que los atracos se cometen usualmente en carros fantasmas (sin placas y con películas antisolares). Las autoridades de Policía, la CTG, los fiscales, los jueces de Tránsito y los jueces penales, deberían interponer sus buenos oficios pero también tomar acciones e impedir de una vez por todas que circulen en la ciudad los vehículos fantasmas y evitar que delincuentes prontuariados, con condenas en suspenso y con múltiples detenciones, salgan libres con tanta facilidad.

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Ab. María Luisa Mora P.
Guayaquil