Pocos escritores como Jorge Luis Borges han aportado tanto y de manera tan decisiva al desarrollo de la nueva narrativa hispanoamericana.
Nacido en 1899 en Buenos Aires se cultivó en la biblioteca de su padre, profesor y escritor y quien tradujera las Rubayat de Omar Kayyan. Viajó en 1919 a España en donde estudió latín y árabe, vinculándose muy estrechamente con los ultraístas, movimiento al que aportó su conocimiento del expresionismo alemán.
Al volver a la Argentina en 1921 funda la revista Prisma y Proa y colabora en otras. Publica además poemarios, artículos y ensayos. Jorge Luis Borges demuestra en su obra que se puede crear una literatura independiente de compromisos socio-políticos o de actitudes testimoniales. Con sus cuentos puso en evidencia que es posible escribir con imaginación y fantasía sin que la ficción se oponga a la filosofía y no solo eso, sino que manifestó eficientemente que la ficción no es extraña a la filosofía ni a muchas otras perspectivas de mejoramiento.
Una de las cualidades por las que se respeta y admira a Jorge Luis Borges es porque, con su gran intuición, le asignó al lector un papel en el que le exige una activa colaboración.
Con cortos y originales relatos como El jardín de senderos que se bifurcan, Ficciones, y El Aleph, que dentro de su producción literaria son los más conocidos y universalmente elogiados, Jorge Luis Borges señala un hito en la evolución de la nueva novela al relato breve. En el primero sostiene que leer es más importante que escribir ya que toda lectura reescribe el texto. En Ficciones el autor demuestra un marcado agnosticismo sobre el universo y este escepticismo que se extiende a Dios se pone en manifiesto cuando dice “es imposible de penetrar el esquema divino del universo” concluyendo que “es dudoso que el mundo tenga sentido”. Jorge Luis Borges está convencido que “no nos es dado comprender la realidad porque los hombres tenemos poca información acerca de los móviles profundos de nuestra conducta”, habiendo expresado además, que “si de algo soy rico es de perplejidades y no de certezas”. Insistiendo en sus relatos que no nos es factible comprender y que si no comprendemos el sentido de la existencia, ni al mundo en que vivimos, ni a nosotros mismos, solo nos queda afirmar que «toda cosa estrafalaria es posible»”.
En todos los relatos de Ficciones se cuentan historias paralelas que simulan reflejos, bifurcaciones y laberintos que permiten al lector entrar en un mundo de pesadilla que se desintegra con el caos.
Jorge Luis Borges menciona autores contemporáneos o anteriores de la filosofía e historia junto a personajes de su creación, incluso se pone a sí mismo como figura de ficción. Para él la religión, las letras, la metafísica son únicamente derivaciones del lenguaje sentenciando que la literatura no debe imitar a la realidad porque no puede hacerlo. Lo que debe hacer es crear ficciones agregando que estima las teorías religiosas y filosóficas por su valor estético “... ya que esas invenciones no son menos fantásticas que las del arte”.
Jorge Luis Borges demostró verdadero interés por la tradición literaria nacional, en su ensayo Evaristo Carriego se pone de manifiesto el mundo del arrabal bonaerense y el amor de Borges por su patria.
Es trascendental la influencia de Jorge Luis Borges en la literatura latinoamericana. La revolución de los temas y de las técnicas se proyectan en la obra de Miguel Ángel Asturias, Juan Carlos Onetti, Macedonio Hernández, entre otros con quienes la narrativa latinoamericana alcanza madurez.
La obra de Borges tiene componentes asombrosos y deslumbrantes siendo realmente inexplicable que no recibiera el Premio Nobel de Literatura. Felizmente se le hizo justicia al otorgársele el Premio Cervantes.
En Las ruinas circulares Borges plantea cómo el sueño se entrelaza con la realidad de tal modo que nos aboca a un gran misterio: “¿Somos criaturas solamente soñadas por algún ser superior?”.






