El arte es tan antiguo como la humanidad, y desde sus inicios el ser humano ha buscado diversos mecanismos para acercarse a él. Uno de estos medios han sido las galerías que –según conocedores– hasta los años 90 funcionaban bajo un modelo específico: la exposición y venta de obras, pues ese siempre ha sido y será su rol: ser una plataforma para la visibilización del arte, así como poner en valor el trabajo artístico.

En aquellos tiempos –antes de que llegase la dolarización al Ecuador (2000)– la industria del arte se movía con mayor fuerza. Ahora el panorama es diferente, la crisis económica hizo que los galeristas replantearan sus objetivos y decidieran ofrecer propuestas que ya no solo se centraban en la compra y venta de alguna obra, sino que también le daban al consumidor de arte un plus. Era eso o cerrar sus puertas.

“Hoy las nuevas galerías son alternativas, menos formales. En muchos casos manejadas por los mismos artistas, sin dejar también de exponer en esferas públicas como centros educativos, comerciales o privados”, dice Madelaine Hollander, quien mantiene su espacio en uno de los locales del Hotel Oro Verde, en Guayaquil.

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Señala que el fruto de su trabajo como galerista “es observar a los artistas, quienes ya pasaron por su espacio y siguen con éxito, ganando premios nacionales e internacionales”. “Es lo que me permite estar conectada con el arte y me llena de satisfacción”, dice Hollander, quien abrió su espacio en 1977.

Otra de las galerías que tal vez ha tenido mayor estabilidad en Guayaquil es dpm Gallery (1989). “No sé hasta qué punto es meritorio. En todo caso, en mi caso puede ser simplemente testarudez o lo que prefiero pensar, convicción. Uno no deja de pelearla”, dice su propietario, David Pérez MacCollum.

Señala que hay varios factores a los que las galerías se enfrentan al momento de difundir arte. Uno de ellos es la informalidad. “Tanto ofertantes (autores) como demandantes (compradores / coleccionistas) están acostumbrados a la informalidad, lo que al mediano y largo plazo no permite el desarrollo (difusión). Es un ciclo vicioso, duro de romper”, dice Pérez, quien añade que además están las exigencias agotadoras para llevar adelante una empresa en el país, más aún si está dedicada a promover la cultura. “Recordemos que las galerías por estar legalmente constituidas, a diferencia de los comercios que expenden ‘arte’, tenemos que cumplir con los mismos requisitos ante las autoridades”.

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Francisco Suárez, director de No Lugar, que nació como un espacio alternativo para impulsar el arte contemporáneo en la capital, considera que han logrado formar un público que les “ha seguido la pista durante estos ocho años de gestión, eso ha contribuido a que la comunidad artística local y la gente estén pendientes de las propuestas que No Lugar ha desarrollado en este tiempo”. Además comenta: “La proyección internacional nos ha generado apoyo fuera del país desde proyectos y espacios independientes, fundaciones, galerías, coleccionistas internacionales, entre otros”. También destaca la responsabilidad que tienen como galería con el artista que lleva a ellos sus propuestas.

Aperturas y cierres, el dilema de espacios independientes

Tras 27 años y con pesar, el quiteño Pepe Avilés tuvo que tomar una de las decisiones más duras de su vida: cerrar El Pobre Diablo, uno de los espacios referentes para el arte en la capital. Allí se proponía una manera diferente de hacer arte. “La idea era relacionar a los públicos con los artistas. Siempre tuvimos un espacio de exhibiciones y de eventos culturales que podían ser música, multimedia, teatro”, explica el gestor, quien en el 2000, cuando el local se cambió de dirección, creó en el mismo espacio la galería El Conteiner.

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Señala que era una manera de agregarle un valor a lo que ya tenían constituido como espacio cultural. Lamentablemente, ambos proyectos tuvieron que cerrar el año pasado. Avilés menciona el tema presupuestario como uno de los factores que llevaron al cierre, además de la oferta similar que dan algunas entidades públicas.

NoMínimo (Guayaquil), Ceroinspiración (Quito), Espacio Vacío (Guayaquil) o La Galería (Quito) que han cerrado en los últimos tiempos.

Como lado positivo está Violenta, en Guayaquil. David Orbea, parte del colectivo Los Chivox, que dirigen el espacio, cuenta que este lugar, situado en el surcentro de la urbe, no solo se propone como una galería, sino como un taller en el que los artistas emergentes puedan acceder a charlas, cursos y más actividades para impulsar su arte. (F)