Estar en una relación afectiva es una de las situaciones más placenteras de la vida, como nos consta a todos. También nos consta que es una empresa nada fácil de dirigir, pero los beneficios más que compensan los esfuerzos. Para cierto tipo de personas, sin embargo, la relación de pareja es una intensa e inagotable fuente de estrés, y por consiguiente de ansiedad, que, irónicamente, puede terminar matando aquello que tanto placer produce. Todo gira alrededor de sentimientos de inseguridad (baja autoestima, pobre autoimagen), que producen dudas y cuestionamientos sobre la estatura de su papel en la relación, y un constante temor a fallar, a perder, a quedarse solo, a menudo acompañado de una voz crítica interior que le dice que es un perdedor y que nunca estará a la altura de las circunstancias. Su sufrimiento es real, teme involucrarse más, mostrar más debilidades y quedar más herido, pero no puede evitarlo.