El glaucoma es una enfermedad que se caracteriza por la disminución de la visión, un mal crónico progresivo que daña el nervio óptico, y aunque es más común en los mayores de 30 o 40 años “se lo está viendo cada vez más en personas más jóvenes”, advirtió Gabriela Heredia, médico tratante del área de Oftalmología del Hospital Luis Vernaza, de la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

Es por eso que hace hincapié en los controles oftalmológicos regulares y no solo acudir a consulta cuando existe algún dolor o molestia. “Lamentablemente no tiene síntomas, por eso es llamada la enfermedad silenciosa”, detalló. Agregó que “la única forma de diagnosticar o de sospechar que hay glaucoma es la visualización del nervio óptico, presenta signos que solo el oftalmólogo los puede ver... chequeo si ese nervio óptico está bien o tiene estos signos para dar pie a un estudio”, explicó.

Incluso aclara que este mal puede afectar a niños, que respondería a un glaucoma congénito, es decir hereditario. Además de este, existen otras dos clasificaciones, que son el glaucoma primario y el secundario.

Heredia hace la advertencia al detallar que no existe una cura para esta enfermedad, “solo se lo controla y por eso es importante diagnosticar a tiempo para evitar que ese paciente llegue a la ceguera”, insistió.

Por otra parte también enumeró algunos factores de riesgo, que tienen que ver principalmente con la edad avanzada, ciertos medicamentos como los corticoides (en personas asmáticas), traumatismos y también con la raza, puesto que “los pacientes afrodescendientes tienden más a desarrollar el glaucoma”, concluyó Heredia. (F)