Sesión de la nueva Asamblea Nacional. Cortesía



Que asambleístas no pierdan tiempo en discursos; trabajen por una educación, una salud y una seguridad social de mejor calidad; no apoyen el aborto, la eutanasia, las drogas, la impunidad. (I)


Publicidad

Álex León Ramírez

Es evidente la crisis de nuestro poder Legislativo caracterizada por el fraccionamiento de los partidos políticos en varias tendencias que impiden su normal actividad. Para obviar estos inconvenientes se pensó que con la nueva forma de elección desaparecerían los acuerdos políticos. Agréguese a ello, perder el tiempo precioso en discusiones partidistas que dan lugar al nacimiento de bloques parlamentarios de tendencias irreductibles, unos al servicio incondicional del poder Legislativo y otros de sistemática y franca oposición al régimen de turno cuando no forman parte de la troncha, derivando una confusión de los intereses privados y los públicos. El modelo impuesto ha sido el de ser partidario o adversario, sin admitir alternativas o posiciones intermedias.

Vigilar que se cumplan los compromisos internacionales sin hipotecarse ante la fabulosa deuda externa. La inercia de nuestros gobernantes ha ocasionado una espeluznante recesión financiera, la ruina de los pequeños inversionistas y agricultores y, por ende, un colapso comercial de graves consecuencias. Es necesario un equilibrio entre los órganos encargados de hacer la ley, porque el cambio innecesario constituye uno de los errores más notables, con el riesgo de entrar en la órbita del desorden, la arbitrariedad y la anarquía. (O)


Michel Brito

La mayoría de los congresistas, y ahora llamados asambleístas, resultan ser la misma cosa, van sin tener experiencia para estudiar, crear, interpretar las leyes del país, porque tienen asesores hasta para que les digan cómo levantar la mano. Lo que interesa es poder, fama, dinero (jugosos sueldos que reciben más pasajes de avión, viáticos, residencia, etc.). Se ponen la camiseta según lo que les conviene personalmente o a su grupo.

Publicidad

Desde el domingo pasado que se instaló la Asamblea se han ido en discursos, retóricas que exasperan. Trabajen para devengar los sueldos que les paga el pueblo. Hagan una nueva Constitución, echen abajo las leyes del aborto criminal que mata a los bebés; las que favorecen a delincuentes, narcos, mulas, traficantes; la ley de la comunicación que hicieron para que la prensa no pueda revelar al pueblo las corrupciones de funcionarios, ni los rostros ni nombres de los delincuentes; acaben con la impunidad; no hagan ninguna Comisión de la Verdad para perdonar a políticos corruptos. (O)


José Ortoneda Sánchez

Que trabajen y no cobren esos elevados salarios junto a tantos asesores, por pasarse discutiendo asuntos triviales que no resuelven nada. Que tengan un mínimo de decencia y planteen algún decreto para rebajarse esos valores que les paga el pueblo ecuatoriano, ya que al parecer todo es la misma jeringa con diferente bitoque.

Que no pierdan el tiempo y lo aprovechen en algo más beneficioso para el pueblo que los eligió; se preocupen por una educación de mejor calidad y por una salud realmente bien atendida y con la debida protección de parte del Estado; se mejore la economía que con pandemia o sin pandemia siempre ha estado por los suelos; que fomenten la creación de mayores fuentes de trabajo; que los corruptos sean puestos en la cárcel y que busquen mecanismos para recuperar lo robado; que no exista tanto nepotismo en las empresas públicas; el MIES sea renovado por personas honestas para que funcione como debe; y que las autoridades cumplan y hagan cumplir la ley en todos los sectores para que la ciudadanía no siga siendo burlada. Son los representantes del pueblo que es el mandante, todos quienes conforman la nueva Asamblea Nacional, ya que están en la obligación moral de ser honestos consigo mismos y con el país, todo. (O)


Ilse I. Medina

Legislen para mejorar la salud pública que es un desastre, para salvar el IESS y recobre el dinero que le debe el Estado, para que exista una educación de calidad, para que protejan a los jóvenes y no los perviertan dándoles drogas y preservativos, para defender a los niños y no los maten en abortos legalizados, para que las familias tengan trabajo, vivienda y educación; para que los ancianos tengan vejez digna y no pretendan acabarlos con alguna ley de la eutanasia, para que no creen comisiones de la verdad, es decir, de la falacia y la impunidad. (O)