Oficialmente, se anunció que llegaron más de 5,1 millones de unidades de medicamentos que se han comenzado a repartir en distintos lugares, en las nueve zonas en que, por razones administrativas, se ha dividido el país.

Entre los medicamentos, que fueron comprados aplicando un régimen especial para acelerar su adquisición, están incluidos los oncológicos y los que se destinan a enfermedades catastróficas, pero también los de uso común. Se espera abastecer a hospitales generales, hospitales básicos y unidades de primer nivel de atención, para garantizar la continuidad de los tratamientos.

En días recientes era común observar los reclamos de las personas que para curar sus enfermedades dependen totalmente de la atención estatal a la que tienen derecho y el desaliento de los médicos por no contar con insumos elementales y, mucho menos, con equipamiento y apoyo tecnológico en buen estado. Que eso no se repita dependerá mucho de la capacidad de planificación, ejecución y control de parte de quienes gerencian la gestión de salud pública y de quienes están obligados a realizar auditorías constantes para evitar la presencia de la corrupción en un área en la que se produce una lucha constante entre la vida y la muerte.

Todos sabemos que la salud es muy importante para las personas y para la sociedad, pero es fácil asociarla a no padecer enfermedades, sin embargo, ya en 1946, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la definió como “estado completo de bienestar físico, mental y social y no solamente como ausencia de afecciones o enfermedades”. Este concepto implica la participación y responsabilidad no solo de los profesionales de las ciencias médicas, sino también de los de otras disciplinas, especialmente las ciencias sociales. Debe ser tarea no solo del Ministerio de Salud sino de un sistema interdisciplinario que aporte elementos para el análisis, el diagnóstico y las acciones más adecuadas para lograr la salud integral de los seres humanos. (O)