En Quito, la procesión de Jesús del Gran Poder; en Guayaquil, la de Cristo del Consuelo... En todas las poblaciones del país, estas se replicaron ayer, en Viernes Santo. Miles de católicos ecuatorianos caminaron con fe para orar por los mayores problemas que enfrentan el país y el mundo.
Durante la romería de Cristo del Consuelo la oración colectiva guiada por los sacerdotes fue por la paz en un momento complejo a nivel global. El pedido no fue aislado, coincidió con el que se expresó en la procesión del norte de Guayaquil, de Esmeraldas, Quevedo y otras ciudades.
Parar la violencia, un objetivo de lucha gubernamental, es desde hace varios años el principal pedido en las demostraciones de fe, pero no es la único.
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Las oraciones particulares de ayer tuvieron relación con la familia, los migrantes, la salud, el trabajo...
Los ecuatorianos, en una gran mayoría, son personas de fe, de tradiciones, y ayer se lo evidenció una vez más. Dentro de esa fe también hubo oraciones por las autoridades de turno, para que cumplan con sus funciones, para que haya menos polarización, enfrentamientos y descrédito. Para que esto se reemplace por cooperación en beneficio del bien común.
Los ciudadanos oraron también por el fin de la impunidad, por la seguridad...
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Las procesiones que se replicaron en diversas ciudades tuvieron en común la fe y la coincidencia de rezar por situaciones que los afectan directamente.
Muchos de los pedidos tienen solución en la decisión humana. Es imperativo que las diferentes funciones del Estado, las autoridades nacionales y seccionales escuchen en estas demostraciones de fe también la exigencia de un pueblo que observa con atención cada acción y a cada actor político al que en las urnas le dio su confianza, a propósito de unas elecciones que cambiaron de fecha.
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La fe de los ecuatorianos volvió a salir a las calles para orar a Dios por la paz, una paz. Esta requiere en la tierra de voluntad y acciones conjuntas de autoridades y ciudadanía. (O)


















