Videos de barbarie humana

Videos de extrema violencia y de reuniones organizadas por personas privadas de libertad (PPL) incendian las redes sociales y nuestros sentidos, denotan barbarie humana a la máxima expresión y descontrol o falta de criterio de las autoridades que han permitido que estas organizaciones, bandas, tribus, clanes u otra denominación se visibilicen lanzando mensajes claros de estar organizados y tener poder a todos sus miembros recluidos o en libertad, además ayudan a sembrar el terror en la población.

Son realidades el incremento de la delincuencia, la poca capacidad de las cárceles, el descontrol para impedir la entrada logística de armas de fuego, cuchillos, droga, alcohol, celulares…, la lentitud del sistema de justicia, el liderazgo delincuencial desde adentro y muchos otros factores; pero lo que más llama la atención son las declaraciones de las autoridades del gobierno encargadas que con pasividad manifiestan que hace falta recursos, que debe haber un celador por cada número de PPL y otras que suenan a excusas, sin capacidad de ejecutar una acción táctica como instalar al menos un inhibidor o bloqueador de señal para impedir la comunicación, coordinación y amenazas vía celular.

Es un objetivo permanente del Estado garantizar la vida humana, incluye a las PPL, en base a la constitución y leyes; pero, el Gobierno tiene la responsabilidad de establecer la política para reducir la violencia de la delincuencia, establecer estrategias, fijar objetivos temporales, misiones y tareas con los medios humanos y materiales disponibles, no simplemente hacer comparaciones con otros Estados que tienen otras realidades. Hago referencia a una frase que un conocido líder de nuestra Armada repetía “No lamentes lo que no tienes, aprovecha al máximo lo que tienes”.

Estas situaciones de violencia sangrienta y organizaciones se han visto a través de las redes desde hace algunos años en países como México, Colombia, Brasil…, siempre relacionadas al narcotráfico y otros delitos, por lo que hay que poner atención para determinar si hay o no alguna conexión con estos grupos, que podrían estar expandiendo sus actividades o territorio, incorporando grupos nacionales a su poder, transformándose en amenaza regional y local.

Nuestra situación se complica porque se suma un gobierno saliente extremadamente debilitado, el proceso electoral plagado de denuncias y dudas, la crisis por el COVID-19 y la posibilidad de que regrese al poder un grupo de seudo ideólogos de izquierda cuyos líderes viven bien en países desarrollados y no en Cuba o Venezuela a cuyos gobiernos defienden con garra.

En conclusión, estamos navegando en ruta equivocada de descomposición moral, sin reconocer con claridad entre el bien y el mal, afectando principios, valores, ética y demás conceptos que una persona y sociedad debe tener para vivir en comunidad; lo más crítico permitiendo que los delincuentes instauren en nosotros el miedo y terror. Por lo menos bloqueemos en nuestras redes los videos de barbarie y mensajes de los delincuentes, para no ser portadores de la propaganda delincuencial que está consolidando un Estado paralelo. (O)

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