Siendo un gran honor para el Ecuador, la asociación de rectores de universidades del Caribe y de América Latina, ARCA, mantuvo durante los días jueves 9 y viernes 10 su reunión de rectores.

El evento es un espacio de reflexión sobre la situación y futuro de la educación y de las Universidades. En esta ocasión, la UEES (Universidad de especialidades Espíritu Santo), con su excepcional infraestructura, permitió diálogos fructíferos y exposiciones de gran nivel.

Dentro de los expositores me pareció muy interesante la charla del profesor chileno José Joaquín Brunner Ried, político, investigador y académico que ha trabajado en más de 45 países del mundo y en todos los continentes en temas relacionados a la educación.

De su exposición quedó claro que las universidades en Latinoamérica tienen que reinventarse, no solo en el modo de enseñar, no solo en contenidos, no solo en nuevas realidades de modelos educativos, sino también en su estructura administrativa. Hizo una reflexión muy cierta, entre muchas otras de su exposición: ¿Por qué el rector de la universidad tiene que ser un académico? La labor de un rector es fundamentalmente de gestión, no de investigación. Sin embargo, en el Ecuador se exige para ser rector un PhD. En otras palabras, Bill Gates ni Elon Musk no podrían ser rectores, por más que han demostrado una capacidad de gestión infinitamente superior a la del promedio de los mejores ejecutivos, peor aún si se los compara con los académicos que no son fundamentalmente gestores.

Este hecho, como la forma en la cual el Estado interviene en la educación superior, a través de tres entidades –Senescyt, Caces y CES–, hacen ver que en el Ecuador la estructura legal no se está adecuando a la velocidad con la cual las universidades tienen que enfrentar el reto del cambio.

Si el Estado es de por sí lento, y si es ese Estado el que aprueba cambios, ¿cómo podemos seguir a la velocidad a la cual va el mundo?

El problema más grande de las universidades del planeta es que por mucho tiempo fueron el centro de las ideas. Hoy son un centro más, de muchos, y la sociedad genera con la tecnología revoluciones de tal velocidad, que ya las Universidades no lideran completamente el pensamiento. Son una parte del pensamiento, son una instancia más. Pero mientras que los científicos que hicieron la bomba atómica estaban en una universidad, hoy el conocimiento está al alcance de cualquiera, y las universidades tienen que entender cual es su rol en esta sociedad tan vertiginosa.

Para ello, el marco regulatorio debe ser ágil. La capacidad de innovar y transformarse no puede estar supeditada a instancias burocráticas.

En el Ecuador se legisló para las universidades, como en todo, con una dosis y carga ideológica muy fuerte. Al frente de las entidades hoy están personas sin sesgos, con claros deseos de mejorar la educación. Pero así como las universidades tienen que entender que deben reinventarse, el Estado debe entender que también debe reinventase respecto de la forma en la cual las controla. Y si bien es cierto que la actitud de las personas puede ayudar, hay limitaciones a esa actitud en el marco institucional y en la ley.

Ese cambio no se ve, no se percibe. La reunión del ARCA fue un gran evento. Nos llevó a reflexionar, pero lamentablemente también a concluir que una vez más, el Estado en el Ecuador no ayuda, estorba. Ojalá que aquellas universidades líderes que se quieran transformar no sean asfixiadas por instituciones y leyes que no marchan al ritmo del mundo de hoy. (O)