A pesar de la crisis sanitaria en el debate presidencial se habló poco de salud. De lo que se dijo queda claro que Lasso entiende la vacunación masiva como el programa económico más importante del país y que lo haría con el sistema público nacional. Arauz estuvo tan perdido que propuso lo que ya se está haciendo: dar vacunas universal y gratuitamente. Luego habló de recontratar seis mil médicos despedidos para vacunar. Es decir, no solo no entiende la urgencia del problema, sino que desconoce que ya hay en el sistema de salud suficiente personal sanitario –no solo médicos– para inmunizar a toda la población mayor de 16 años.

Después de constatar de boca de Lenín Moreno que no hay plan de vacunación y que no estuvo atento al proceso más importante de su gobierno a más de un año de pandemia, seguimos viendo la corrupción e inoperancia con vacunados vip, ausencia de evaluación epidemiológica para asignar recursos a los sitios de mayor contagio, lentitud para resolver problemas elementales. El Gobierno central no tiene programa de vacunación, comunica con pobreza y deja preguntas sin responder, demuestra a diario la ineptitud e indolencia de las autoridades. El ministro de este mes gritaba exasperado por la ineficacia de sus subalternos para reportar, al menos, el número de dosis existentes y su ubicación. El día anterior debía estar vacunado el 100% del personal sanitario. Lejos de ello, no solo hay miles de médicos y enfermeras que aún no reciben las primeras dosis, sino que hay personal sanitario que ni siquiera es considerado para la primera fase. Allí faltan: laboratoristas que han hecho pruebas de COVID-19 todo este año, enfermeras y secretarias de consultorios privados, médicos sin afiliaciones hospitalarias, tecnólogos respiratorios –probablemente los de mayor riesgo por nebulizar a enfermos contagiados– odontólogos y un largo etcétera. Apenas se han colocado 282 mil dosis en el país, mientras Chile está ya en 11 millones de vacunas aplicadas. Para completar el desorden y demostrar la debilidad institucional en el Ecuador, este fin de semana se hizo público el pedido de medida cautelar para vacunar inmediatamente, es decir por fuera de las prioridades establecidas, a toda la Función Judicial del Ecuador. Además, piden una marca específica de vacuna, ignorando las recomendaciones mundiales de recibir la que esté disponible. En una disposición insólita, la jueza dispone que el ministro de Salud cumpla con los privilegios solicitados.

Algo bueno esta semana: los comentarios de gratitud de nonagenarios vacunados con cariño por enfermeras del sistema sanitario nacional. Ellas son la muestra de vocación: siguen trabajando profesionalmente a pesar de lidiar con autoridades incompetentes que llegaron a puestos altos a dar órdenes por el mérito de ser amigos o parientes de los políticos de turno. La próxima semana el presidente electo debe designar un equipo que acelere el ritmo de vacunación de modo que en agosto, cuando la oferta de vacunas sea amplia, la inoculación cuente con el concurso de sectores universitarios, industriales, de la medicina privada y más para frenar la epidemia con rapidez y reactivar la economía. (O)