Hace pocos días el ministro del Trabajo dejó sin efecto una extraña resolución dictada por su antecesor poco antes de terminar el mandato del pasado gobierno, resolución que sirvió de pretexto para remover de su cargo a uno de los miembros del Consejo de la Judicatura. Como las cosas se deshacen como se hacen, desaparecida la razón que se invocó para su remoción dicho funcionario deberá regresar a sus funciones sin más trámite. El asunto pareciera no tener mucha importancia, pero sí la tiene. Lo que se acaba de desactivar es un operativo bien calculado y silencioso para ir abriendo primero un boquete y luego un túnel que iba a facilitar a las mafias irse comiendo por pedazos al sistema judicial hasta llegar al presidente de la Corte Nacional y la ministra fiscal. Si había sido tan sencillo sacarse de encima a un miembro del Consejo de la Judicatura, gracias a una simple resolución administrativa, y violando la sentencia que la actual Corte Constitucional expidió en su momento confirmando la legitimidad de los nombramientos derivados del antiguo Consejo de Participación Transitorio dirigido por el fallecido Dr. Julio C. Trujillo, ya podemos imaginarnos qué se iba a venir luego. Pero, así como decía el famoso abogado F. Lee Bayle que la defensa nunca descansa (“the defense never rests”), así también puede decirse de las mafias sedientas de controlar el sistema judicial: no descansan ni van a descansar en su objetivo. En efecto, volverán a intentarlo una y otra vez. (Habrá que ver, por ejemplo, si el actual Consejo de Participación Ciudadana se va a prestar al juego de estas mafias…).

Pero todos los intentos que se hagan para acorralar al Gobierno a través de los diferentes órganos existentes y para deslegitimar el trabajo de la Fiscalía no son los únicos abismos que le esperan. En cierta forma, son simplemente escollos coyunturales que pondrán a prueba su habilidad en el corto plazo para ir taponando los agujeros que le irán perforando aquí y allá. En realidad, lo grave es lo que le aguarda. Unas cuantas cuadras más abajo lo están esperando no solo los caudillos desengañados que se quedaron con los churos hechos, sino que junto a ellos están las llamadas organizaciones sociales especializadas en provocar ‘levantamientos espontáneos’ y todo ese popurrí de ordeñadores del Estado, desde sindicalistas propietarios, mafias, narcotraficantes, izquierdistas, derechistas hasta los hijos de Puebla y Maduro, y todos los que hoy le juran amor eterno. Allí estarán esperándolo. Lo esperarán con las dichosas marchas y ‘mesas de diálogo’ –le recordarán que la Constitución de Montecristi es en realidad el plan de gobierno copiado de Venezuela por una banda de delincuentes y dictadores– hasta terminar un día rodeado por un ejército de hambrientos de poder y venganzas contra los cuales no habrá mayoría que funcione. Las naves se habrán así quemado.

Al encuentro de las pandillas que le esperan unas pocas cuadras más adelante, el gobierno debe ir preparándose desde ahora para enfrentarlas. Debe recodar que su único aliado será la ciudadanía.

A la apuesta que toda esa jauría salvaje está haciendo para que fracase, los ecuatorianos no podemos ciertamente quedarnos al margen, como simples testigos de cómo esta gente pretende regresar al poder después de pocos años. (O)