En un estudio de The Economist (mayo 2024) dedicado a la inversión en la industria minera hay análisis sobre los diferentes factores que inciden en las decisiones que toman las empresas mineras al invertir. Bajo el título “Which countries in Latin America are the most attractive for investments en critical materials” (“¿Qué países en América Latina son los más atractivos para invertir en minerales críticos”?), los autores enlistan doce países de la región en un cuadro, desde Chile, Brasil, Colombia y Ecuador, hasta Cuba, Bolivia y Perú, entre otros. Y luego los analizan según cinco variables. La primera de ellas es su potencial geológico, que es la más obvia; junto a la cual incluyen otras variables tales como el grado de confianza que inspira el sector minero, la calidad de los recursos humanos, la infraestructura y los riesgos de expropiación.

Esto último se refiere a los derechos de propiedad de los contratos, transparencia judicial, entre otros.

Del cruce de estas variables resulta que el puntaje más alto lo ocupa Chile (71,3), mientras que el puntaje del Ecuador (48,3) lo ubica en el octavo puesto. Parecería que no hay sorpresas aquí en vista del nivel de desarrollo chileno. Sin embargo, lo interesante es que, según el estudio, entre Chile y Ecuador, y los otros países ubicados entre ambos en la tabla, no hay una diferencia en cuanto al potencial geológico. Es decir, esas naciones, incluyendo nuestro país, poseen una riqueza minera prácticamente igual. Sin embargo, lo que hace que Chile ocupe el primer lugar y nosotros el octavo, en cuanto a lo atractivo que es invertir, son los demás factores, es decir, los no geológicos. Como dije esas variables incluyen componentes esencialmente institucionales. Las falencias de esos componentes son las que impiden al Ecuador ubicarse en los primeros puestos, y así poder atraer un volumen similar de inversión minera al de Chile. Las fuentes consultadas incluyeron la US Geological Society, la Agencia Internacional de Energía, Transparencia Internacional, World Justice Project, Unesco y el Fraser Institute.

El Gobierno acaba de enviar un proyecto de reformas a la legislación minera, que en general es bueno y que debería aprobarse. Y ha celebrado recientemente un tratado de inversión con los Emiratos Árabes Unidos, que es igualmente un paso positivo. Y mucho más se podría hacer en cuanto a reformas legislativas y convenios internacionales. Pero todos esos esfuerzos, leyes, tratados, reglamentos, todo ello, se ve socavado por el sistema judicial, y del cual irradian una cultura de inseguridad y un hedor de corrupción impresionantes. Desde los tanques de Febres-Cordero rodeando la Corte Suprema, pasando por la metida de manos en la justicia por Correa, hemos seguido cayendo cada vez más bajo, más bajo y más bajo hasta llegar al caso Godoy.

Mientras que la riqueza geológica del Ecuador –muy similar a la de Chile– es obra de la naturaleza, nuestro sistema judicial, que impide el máximo aprovechamiento de esa riqueza, es un producto humano. Vaya condena: lo que la naturaleza nos regala, los políticos nos lo quitan.

Este es el resultado de la ceguera de ciertas élites que embriagadas por el poder y enloquecidas por el dinero por décadas se han servido de la justicia. ¿Cuánto más debemos soportar esta situación? (O)