Al terror impuesto desde las esferas del poder en gobiernos totalitarios se suma la propaganda permanente e invasiva, la descalificación humillante del adversario para denigrarlo hasta envilecerle, todo esto convertido en política de Estado como en los tiempos del nazismo tiene como resultado el miedo, la sumisión y lo que es más el silencio.
El poema Cuando los nazis vinieron por los comunistas, atribuido erróneamente al poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht; el verdadero autor es el alemán Martín Niemöller (1892-1984), pastor luterano.
Martin Niemöller escribió el libro Del submarino al púlpito, que narra su transformación de marino submarinista a pastor de una iglesia protestante, claramente se lee en sus páginas que era un admirador de Hitler y del nazismo, razón suficiente para que sea elogiado por la prensa alemana de ese entonces. En los primeros años del gobierno de Hitler, fue uno de los más vendidos. Ante la política totalitaria de Hitler y sobre todo del control estatal sobre la Iglesia, Niemöller reaccionó y se opuso a la injerencia del nazismo de las iglesias protestantes, por esta razón fue apresado en 1937 y enviado al campo de concentración de Dachau, en donde estuvo preso hasta el fin de la guerra en 1945.
En enero de 1946 dio un sermón en el que detalló las excusas que dio para guardar silencio cuando debió levantar la voz: “Sí, Hitler atacó a los comunistas, pero ¿no eran ateos y revolucionarios? Y sí, aniquiló a los incapacitados y a los enfermos, pero ¿no eran una carga para la sociedad? Y claro, agarrar a los judíos era deplorable, pero ¿los judíos no son cristianos, verdad? Y lo de los países ocupados era una lástima, pero por lo menos eso no ocurrió en Alemania, ¿no es cierto? Ninguna excusa justificaba todo eso”, reiteró.
Además, dijo: “No podemos negar la necesidad de expiación con la excusa de que ‘me habrían matado si hiciera algo’. Preferíamos mantener silencio. Claramente no somos inocentes y me pregunto una y otra vez: ¿qué habría pasado si en el año 1933 o 1934, 14.000 pastores protestantes y todas las comunidades protestantes de Alemania hubieran defendido la verdad hasta la muerte? Si hubiéramos dicho: ‘No es correcto que Göring simplemente meta en campos de concentración a 100.000 comunistas para que mueran’. Puedo imaginar que tal vez 30.000 o 40.000 cristianos protestantes habrían muerto, pero también puedo imaginar que habríamos salvado a 30 o 40 millones de personas, porque eso es lo que el silencio nos costó”.
Recordemos el poema Cuando los nazis vinieron por los comunistas: “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista,// Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,// Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista,// Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío,// Cuando vinieron a buscarme, no había más nadie que pudiera protestar”.
Gran lección: ante la amenaza de totalitarismo hay que protestar a tiempo y sobre todo jamás guardar silencio, no importa correr riesgos. (O)