El diccionario define la palabra “ídolo” como un objeto de culto. Idolatrar es adorar con una admiración excesiva y ciega. Consiste en elevar a una persona, una idea o un objeto a la categoría de deidad. La idolatría anula la racionalidad y nos hace perder contacto con la realidad.

En su reciente libro, 25 años de Idola-rización, Alberto Dahik juega con esa noción. Su idea central es que los ecuatorianos hemos convertido a la dolarización en un ídolo. La economía del país parece reducirse a una sola consigna: “No tocar la dolarización”. Todo lo demás pasa a segundo plano. Dahik insiste en una frase que repite desde hace años en distintos espacios: el mayor problema de los ecuatorianos es que no entendemos cuáles son realmente nuestros problemas. Nos preocupan la pobreza, el desempleo, la inseguridad o la precariedad del sistema de salud, pero rara vez reflexionamos con seriedad sobre las causas profundas de estos males.

El libro comienza recordando las causas de la crisis de 1999: la caída del precio del petróleo, el fenómeno de El Niño, la llamada mancha blanca y, sobre todo, un marco legal desastroso que permitió la banca offshore y el impuesto del 1 % a las transacciones bancarias. Esta situación dejó sin liquidez a los bancos privados y la salida inevitable fue la dolarización. La dolarización no fue una historia de éxito, sino una salida desesperada frente a un colapso institucional.

El libro pasa después al diagnóstico, con datos, estadísticas y cuadros comparativos. La dolarización no ha resuelto los grandes problemas del país. Para empezar, no ha servido para atraer inversión extranjera. Mientras países como Chile y Costa Rica, con moneda propia, destacan por recibir inversión extranjera directa, Ecuador sigue siendo uno de los países con menor inversión privada en la región. Políticas públicas poco sensatas, como el impuesto a la salida de divisas, la alta carga tributaria y la inseguridad jurídica, han ahuyentado a los inversionistas. La dolarización tampoco ha servido para ordenar las finanzas públicas. El Estado se ha endeudado, dentro y fuera del país, no para generar desarrollo, sino para sostener burocracia y financiar subsidios poco eficientes. La dolarización tampoco ha evitado políticas de tasas de interés incoherentes, que llevan a la banca privada a prestar más para consumo que para producción. Ni ha corregido un régimen laboral y salarial que dificulta la contratación y fomenta el desempleo y la informalidad. Finalmente, la dolarización no soluciona los problemas estructurales de la seguridad social, cuyo sistema de pensiones enfrenta un futuro crítico si no se realizan reformas profundas.

Formado en Princeton, expresidente de la Junta Monetaria, exministro de Finanzas, exdiputado y exvicepresidente del Ecuador, Dahik conoce la economía ecuatoriana como pocos. Su mensaje es claro. Ciertamente sería absurdo desdolarizar.

La dolarización evitó que Ecuador siguiera el camino de Venezuela durante el socialismo del siglo XXI. Pero es necesario dejar de idolatrarla y empezar a pensar, con datos y sin dogmas, en los verdaderos problemas del país. Por eso, la lectura de 25 años de Idola-rización resulta no solo recomendable, sino obligatoria. (O)