El nosotros se aprende

El amarizaje del robot Perseverance en Marte fue un hito emocionante para toda la humanidad. Por lo que representa como avance de la ciencia en la exploración del cosmos y por la manera como se logró.

Uno de los aspectos más emocionantes fue el trabajo en equipo que esa hazaña demandaba. Cientos de personas en la NASA seguían en directo el desarrollo del vuelo y su descenso en la superficie y polvo marcianos. El silencio de los siete minutos de terror, cuando no había ninguna comunicación con la Tierra y no se sabía lo que estaba pasando y luego verlo posar con su paracaídas desprendiéndose, fue un momento de admiración, asombro y gratitud que atravesó distancias e hizo morada en el corazón deslumbrado de millones de seres humanos.

Esa hazaña requería lo mejor de cada uno, conocimiento, investigación, perseverancia, trabajo en equipo. Eran responsables de hacer a la perfección su parte en el proyecto común. Un mínimo error hubiera hecho fracasar toda la exploración. El equipo de trabajo estaba compuesto por personas de muchas nacionalidades y de todas las edades. Guiados por un líder que hablaba y trabajaba en “nosotros”, primera persona del plural.

A trabajar en equipo se aprende.

En las circunstancias que vive el país, necesitamos ese aprendizaje con urgencia. Participar y colaborar no son sinónimos. Podemos participar para boicotear, sembrar suspicacias, entorpecer. Pero cuando la participación es un intercambio profundo de saberes y se transforma en colaboración los logros son de todos.

Les pedimos a los políticos que concreten sus propuestas y sobre todo expresen cómo lo harán, que busquen puntos comunes, algo muy complicado cuando cada uno trata de mostrar que es mejor que el otro, que sabe más que el otro, que las soluciones dependen de él.

La pandemia nos ha ayudado a comprobar cuánto necesitamos de los demás, el aislamiento y la soledad han sido una mala compañía. Aspiramos a estar juntos, a encontrarnos, a abrazarnos, a disfrutar la amistad. Cuando estemos libres seguro habrá una explosión de manifestaciones de afectos, un despliegue de relaciones.

El campo político se ha transformado en una guerra de insultos, amenazas, mientras el narcotráfico y sus carteles muestran su poder, revelan su entramado y el país parece un barco a la deriva, sin un capitán que lleve la nave a puerto.

La democracia es el arte de las conversaciones, las acciones y las decisiones difíciles.

Todos tenemos que aprender a ser democráticos. Desde la casa, la escuela, el colegio, el trabajo, los múltiples contextos de nuestra vida.

Construir es mucho más interesante, más largo, requiere renuncias, aperturas y el gozo de lograr en común aquello que solos sería imposible.

La emergencia que atravesamos, en sus múltiples aspectos: sanitarios, económicos, sociales, políticos, institucionales, requiere un trabajo coordinado y responsable. Todos estamos sumergidos en la etapa de “terror” que atravesó el robot. No sabemos si será un éxito o un fracaso lograr superar la actual situación.

Si los humanos pueden mandar a robots a otros planetas, por qué no ponernos de acuerdo en algo más sencillo como buscar el bien común en un país pequeño. (O)

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