La definición de sofisma por la Real Academia Española (RAE) expresa que esta constituye un razonamiento falso con apariencia de verdad. Esta definición puede inducir a errores o a justificar lo negativo.

Observo con preocupación que cuando se atenta contra los derechos humanos, a través de delitos como los homicidios, asaltos con violencia o violaciones sexuales, abusando de los derechos que corresponden al ciudadano, el que sí los pierde es la persona que ha resultado víctima de la conducta amoral.

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Bajo el amparo y argumento de que estos son irrenunciables, se decide darle al agresor medidas sustitutivas, las que no deberían concederles derechos, constituyendo esta decisión una reductio ad absurdum para el ciudadano agredido.

El delincuente que comete un delito grave debe de comprenderse que renuncia a sus propios derechos como ser humano, mucho más cuando el delito ocasiona un daño irreparable a la libertad del otro, a la seguridad y a la vida.

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El exceso interpretativo de que los derechos son inalienables protege el acto de delinquir a la vez que resta o destruye los derechos de quien es violentado o agredido.

En mi infancia, uno de los cuentos que me enseñaron unas tías maternas era el de Bertoldo, Bertotldino y Bortoleto. Bertoldo había robado unas gallinas y había sido descubierto. El rey, al demostrar que había cometido un ilícito, condenó a Bertoldo a morir en la horca. Antes de la ejecución le preguntó a Bertoldo cuál sería su último deseo. Bertoldo le expresó hábilmente que quería ser ahorcado en el árbol que él escogiera. Por supuesto, Bertoldo nunca escogió ningún árbol y pasaron varios días en los que no se pudo realizar la ejecución.

El castigo de un delincuente no puede estar sometido a una estrategia similar a la manera del Chapulín Colorado, cuando en la comedia expresaba: “No contaban con mi astucia”. (O)

Pedro Benjamín Posligua B., médico neuropsiquiatra, Guayaquil