Transcurría el año 1968 cuando recibí la grata sorpresa de ver publicado mi primer artículo en Diario El UNIVERSO. Bajo el epígrafe de “La opinión femenina” y al amparo de un seudónimo (costumbre de algunos periodistas en aquella época). Un hecho casual había puesto ciertos escritos de mi autoría en manos de los directores: Sucre y Francisco Pérez Castro, precisamente cuando buscaban abrir un espacio de expresión estable para el pensamiento femenino, lo cual posibilitó mi inclusión en la nómina de colaboradores, primero en la segunda sección y –de acuerdo con la respuesta de los lectores– en la página editorial, lo que felizmente ocurrió al poco tiempo.

Los columnistas, como entonces se denominaba a quienes escribían en esa página orientadora del pensamiento libre y democrático, eran figuras señeras del quehacer político, intelectual y cultural del Ecuador. Mi columna semanal alternaría con las de verdaderos maestros de la dialéctica y el pensamiento crítico de la talla de Leopoldo Benites Vinueza, Raúl Andrade, Julio Estrada Ycaza, Hugo Guillermo González, Leonidas Avilés Robinsón, entre otros; y talentos de mi generación como Alejandro Román Armendáriz, Xavier Benedetti Roldós y Alfredo Pinoargote. Todos conscientes de la responsabilidad de manejar un espacio de opinión dentro de El Mayor Diario Nacional y todos comprometidos con las urgencias sociales de la patria.

En ese afán de hacer honor a tan alta tribuna de opinión, fui descubriendo mi vocación de comunicadora, ampliada posteriormente –con mi propio nombre– en la entrevista y el reportaje, a través de los cuales profundicé el compromiso consciente de servicio a la colectividad que, durante los años de ejercicio profesional fue el sello de un quehacer periodístico sustentado en el respeto absoluto al pensamiento crítico de una mujer que iniciaba su ruta, y que dos generaciones de directivos de EL UNIVERSO supieron alentar y respetar.

Para darle mayor profundidad a mi periodismo incursioné en la investigación histórica y apasionada por el estudio del pasado me alejé del periodismo para abrazarme definitivamente a la Historia. Mas, cuando repaso el camino recorrido en más de medio siglo de afanes cívicos e intelectuales y reviso mis artículos y mis libros publicados, agradezco el día en que acepté vincularme a Diario EL UNIVERSO, origen y alero protector de toda mi realización profesional. Gracias, siempre gracias, y muchos años más de vida a mi querido amigo centenario. (O)

Jenny Estrada Ruiz, periodista e historiadora, Guayaquil