Ecuador, país de mágica biodiversidad y riqueza cultural, cuya ruralidad representa un componente ideal para construir un modelo de desarrollo sostenible. Los territorios rurales detentan alta relevancia vinculando dimensiones económicas, sociales y ambientales. Ecuador es reconocido mundialmente entre los países de mayor biodiversidad, concentrada en zonas rurales, especialmente en la región Interandina y la Amazonía. Las Naciones Unidas enfatizan la importancia de conservar estos ecosistemas para enfrentar los cambios climáticos y proteger el medioambiente.

En el ámbito económico, la ruralidad ecuatoriana es fundamental para garantizar la soberanía alimentaria. La agricultura campesina constituye la base de la producción de alimentos en el país, aportando significativamente al abastecimiento interno. Según datos de la FAO, los pequeños agricultores rurales enfrentan limitaciones, como acceso al financiamiento, tecnología e infraestructura. Estos factores revelan la falta de políticas públicas que fortalezcan la productividad sostenible, promoviendo mercados inclusivos y eliminando las desigualdades territoriales.

En el aspecto sociocultural, representa la preservación de identidades y de saberes ancestrales. El concepto del buen vivir incluido en la Constitución determina un enfoque de desarrollo basado en la armonía entre seres humanos y la naturaleza. Sin embargo, persisten grandes desafíos que obstaculizan el potencial de la ruralidad, como el acceso a servicios básicos y la limitada conectividad. Además, la migración de la población hacia las ciudades o el exterior refleja falta de oportunidades en el campo afectando la estructura social y productiva rural.

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De tal manera, es imperativo que las políticas de desarrollo sostenible destaquen el valor de la ruralidad y promuevan su integración efectiva en la planificación nacional. (O)

Janeth Baldeón, especialista en desarrollo sostenible, Guayaquil