En honor a la paz, el Gobierno y los líderes del paro nacional llegaron a un acuerdo con algunos reparos después de 18 días. Las protestas sociales son legítimas siempre y cuando se den por causas justas que conduzcan a la población a mejores días.

Por otro lado, es difícil cuantificar el perjuicio causado por la paralización de la Conaie, a la que se sumaron agrupaciones amigas de la violencia callejera. Estas medidas extremas de utilizar el vandalismo para impedir el trabajo, tránsito, educación, salud; causar secuestros, incendios de cualquier propiedad, escasez de alimentos, nada justifican el terrorismo y anarquía. El grupo de indígenas que apenas representa el 7 % consiguió el encarecimiento de algunos alimentos, insumos y materias primas, cuyos precios se han cuadruplicado y será difícil bajarlos ya que nadie controla. El resultado económico para el país fue superior a los

$ 800 millones del paro del 2019. Ahora esta cifra aumentó en heridos, 150 en cada lado; 208 patrulleros destruidos. El paro terminó. ¿Quién responde por todas estas pérdidas? ¿Quién financió estas movilizaciones? Un ‘poncho dorado’ no representa sino a un delirio dictador, y todavía ensucia al compararlo con él, el nombre del revolucionario Jacobino Robespierre.

Ahora son varios los aspectos sobre los que hay que reflexionar y hacerlos cumplir. Es decir, garantizar que en esta ocasión no reine la impunidad para quienes causaron tanto caos y zozobra. El pueblo espera la rectificación. (O)

Robespierre Rivas Ronquillo, licenciado en Comunicación, Guayaquil