Es importante tener en cuenta cuál prueba realizarse luego de tener la enfermedad de COVID–19 para poder reincorporarnos responsablemente a nuestras actividades laborales y sociales.

Existen dos pruebas de diagnóstico por técnica de hisopado, pero ¿por cuál optar?

La prueba de reacción en cadena de polimerasa o PCR, considerada el gold standard para el diagnóstico de la infección, amplifica y replica copias del material genético de la muestra para un análisis.

Por otra parte, las pruebas de antígeno, detectan proteínas a nivel de cápside, llamadas antígenos, especialmente en la ventana sintomática o contagiosa, cuando la carga viral está en su apogeo en el cuerpo.

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Al ser altamente sensitiva, la PCR puede detectar pequeñas cantidades de fragmentos del SARS-CoV–2 incluso luego de recuperarse de COVID–19 y lejos de la etapa contagiosa. Su uso entonces es acreditable al inicio de la evolución de la enfermedad al poder resultar positiva incluso antes de abarcar sintomatología, pero no es conveniente luego del periodo de aislamiento.

La PCR es idónea en un muy temprano estadio o presintomático; y la prueba de antígeno en la etapa contagiosa, cuando la persona debuta con sospecha de su condición y es práctico.

La tendencia exponencial y el resurgimiento de ‘pico’ de casos a nivel mundial hace que la detección temprana sea crucial.

Al tomar en cuenta el tiempo de obtención de resultados, y al analizar la realidad del país en cuanto a la facilidad adquisitiva de la población de estas pruebas, modalidad costo–beneficio, se puede llegar a un consenso.

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Sin lugar a duda, las pruebas de antígeno son importantes para la salud pública del Ecuador y a nivel del sector privado, al alcanzar diversos objetivos. (O)

Johnny Steven Moreno Torres, médico, avenida Samborondón