Hay un Día de la Madre, pero para mí, tu presencia y tu imagen son diarias. Recuerdo con gratitud aquellos momentos especiales, y agradezco a Dios por ponerte en mi vida.

Evocar todas las virtudes de una madre ejemplar no es tarea sencilla. Sin embargo, te veo reflejada cuando leo en las Sagradas Escrituras los elogios de la mujer virtuosa. Y hay un pasaje que mejor te describe: “Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas”.

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Gracias por los magníficos relatos bíblicos, con los cuales incentivaste nuestra fe cristiana, tu testimonio personal ha dejado huellas significativas en todos quienes te conocemos. Gracias por aquellas cautivadoras charlas interminables, por el paciente oído y los consejos sabios, por todo el amor expresado en tiempo de cantidad y calidad. Gracias por el buen humor y las sonrisas, refrigerio del alma, y convertirte en parte del grupo para hacer más agradable nuestra existencia. Gracias por el legado de fe cristiana, el ancla imprescindible de la vida. Gracias por los actos cotidianos llenos de amor, consideración y ternura: la alimentación saludable, el abrazo oportuno, la palabra dicha como conviene, las plegarias de fe.

Dios bendiga a mi madre y a todas las madres en el mundo hoy, mañana y siempre. ¡Feliz Día de las Madres! Feliz Día, y gracias. Te amo, mamá. (O)

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David Benjamín Dávila Rivera, Guayaquil