La carretera que conecta

Pallatanga con Guayaquil,

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se encuentra actualmente

en un estado crítico. Quienes recorren esta importante arteria vial del país coinciden

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en un mismo diagnóstico:

largos tramos de la vía presentan deterioro severo, baches profundos, hundimientos y sectores donde el asfalto prácticamente ha desaparecido. Esta realidad no solo

afecta la movilidad, sino

que representa un serio peligro para miles de viajeros que transitan diariamente

por esta ruta.

La vía Pallatanga–Guayaquil es uno de los corredores más utilizados para conectar la Sierra con la Costa ecuatoriana. Transportistas,

comerciantes, turistas y

familias enteras dependen

de esta carretera para trasladar productos, trabajar o visitar a sus seres queridos.

Sin embargo, hoy el recorrido se ha convertido en una experiencia llena de incertidumbre y riesgo.

Conductores de vehículos livianos y pesados denuncian daños frecuentes en sus automotores debido al mal estado del pavimento. Suspensiones rotas, llantas destruidas y daños mecánicos se han vuelto parte de una rutina indeseable para quienes utilizan esta ruta. A ello se suma el riesgo de accidentes de tránsito provocados por maniobras bruscas para esquivar huecos o zonas deterioradas.

Resulta preocupante que, pese a la importancia estratégica de esta carretera, no exista un mantenimiento adecuado y sostenido. La infraestructura vial es una responsabilidad esencial del Estado, pues de ella depende la seguridad de los ciudadanos y la dinamización de la economía nacional.

El Gobierno actual, que supera ya los dos años de gestión, tiene la obligación constitucional y administrativa de garantizar carreteras en condiciones óptimas en todo el territorio nacional: Costa, Sierra, Amazonía e incluso en la región Insular de ser necesario. Las vías no son un lujo, son un servicio público indispensable que permite el desarrollo, la integración y la seguridad del país.

El abandono de una carretera tan transitada como la Pallatanga–Guayaquil no solo refleja una falla en la gestión del mantenimiento vial, sino también una falta de atención a las necesidades reales de la ciudadanía.

Es momento de que las autoridades competentes escuchen el clamor de quienes diariamente se juegan la vida en esta ruta. El mantenimiento y la rehabilitación urgente de esta vía no se puede seguir postergando. La seguridad de miles de ecuatorianos está en juego y el país merece carreteras dignas y seguras. (O)

Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, El Coca