Leyendo el magnífico artículo ‘Todo gratis’ del doctor Eduardo Peña Triviño, recordé que una de las grandes falacias que esgrimen políticos de diversas ideologías es colmar de derechos –dentro del marco jurídico– a los ciudadanos, olvidando obligaciones que tenemos dentro del convivir democrático.

Las acertadas reflexiones del doctor Peña me hacen recordar una de las más nefastas herencias que dejó el correísmo: el mamotreto de Montecristi, Constitución repleta de derechos, pero muy limitada en obligaciones, quizá recargada en obligaciones hacia los que más tienen, para ser generosos con los que más necesitan. Suena lindo, pero dicha Constitución (2008) nos está pasando factura y su aplicación, en vez de reducir desigualdades sociales, las está profundizando, lo que nos lleva a la paradójica conclusión de que regalar ‘beneficios’ a favor de los pobres, los vuelve más pobres, eternizando así las desigualdades. En estas condiciones hasta la conducta social se vuelve proclive al ocio anulando a la persona, pues se obliga al ‘papá Estado’ a resolver todo, impidiendo que potencialidades y creatividades de los seres humanos permitan generar nuevos y mejores emprendimientos.

En estos tiempos preelectorales florecen políticos generosos que ofrecen el oro y el moro. Eso, en la práctica, impide que los seres humanos desarrollen aptitudes y capacidades. Esas demagogias se convierten en instrumento para anular a las personas. Lo anterior no quiere decir que los subsidios desaparezcan, sino que deben focalizarse para favorecer a los que realmente lo necesitan por un periodo de tiempo determinado. Los combustibles son el ejemplo perfecto.

El doctor Peña aborda el drama que vive el IESS con 40.000 empleados en su nómina, casi el triple del personal que tenía el 2007. La crisis es más que evidente. Para ponerlo en cifras, el Seguro Social Campesino, por ejemplo, que es uno de los subsistemas que más financiamiento demanda, permite al jefe de familia rural contribuir con menos de $ 3 mensuales como aporte que, a su vez, obliga al IESS a dar servicios de salud a toda su familia, lo que se convierte en un barril sin fondo. Estos son las agujeros negros que desfinancian al IESS. Como afirma el doctor Peña, mientras más gasta el IESS, menos ingresos recibe. En algún momento desde el poder público se deben revisar estos factores que hacen del Estado generoso en derechos, pero cicatero en obligaciones. De esta manera, quien vive de lo regalado se convierte en un parásito social, y en alguna medida a eso responden el comportamiento y la actitud de muchos jóvenes y desempleados que ante la falta de oportunidades se convierten en ‘mulas internas’ para el microtráfico. Hoy estamos cosechando esa mala siembra de Montecristi. El conformismo social tiene un límite. La gente está harta de ofertas que no se cumplen. (O)

Xavier Neira Menéndez, economista, Guayaquil