El Gobierno del Ecuador se propone subir el octanaje de las gasolinas so pretexto de elevar los precios de los combustibles, y quiere aprovechar que la gasolina súper 92 octanos perdió mercado, porque los usuarios prefieren la ecopaís 85 octanos, más barata y menos contaminante que la anterior. Les molesta que el precio de esta esté congelado y con el cuento de que daña los motores la quieren reemplazar por una de 89 octanos, a sabiendas de que más octanos no es sinónimo de calidad sino de rendimiento.

La Asociación Americana de Automóviles (AAA) asegura que el gasto en gasolinas de mayor octanaje no se revierte en beneficio de los vehículos. Hizo prueba en vehículos de 6, 8 y 14 cilindros, con gasolinas de 87 y 93 octanos y se comprobó que la de 93 octanos no aportó más potencia al motor ni permitió rodar más kilómetros con los mismos galones. Los autos de lujo o alto rendimiento –como los de competencia– exigen gasolina de 92 a 93 octanos, pero los normales pueden funcionar con 85 a 87 octanos. Solamente un 6 % de los automóviles vendidos en los Estados Unidos necesitan gasolina prémium, y recomiendan no usarla a menos que el manual del vehículo lo exija. En dicho país se expenden, por lo general, tres tipos de gasolina: regular de 85–87 octanos, extra de 87–89 y prémium de 91–93 octanos.

Pero en Ecuador, país tan chiquito, queremos producir cinco tipos de gasolina de 85, 89, 92, 95 (S–300) y 95 (euro 5) octanos, según las reformas que hizo a pocos meses de su posesión el Gobierno a la norma INEN 935 que rige las gasolinas en Ecuador; lo que deja entrever es que todo está fríamente calculado. Antes la norma solo estipulaba gasolinas de 87 y 92 octanos, más una de 93 octanos baja en azufre, que nunca pudieron producir. Ahora pretenden una gasolina tipo euro 5, que más parece otra gasolina de ‘papel’. (O)

Carlos Luis Hernández Bravo, ingeniero civil, avenida Samborondón