Es insólito, inaudito, inconcebible que hasta el sol de hoy el Concejo de Quito no haya pensado en que las motos en Quito, cuyo número el responsable de Movilidad perfectamente debe saber, deban portar la tercera placa. ¿No les duele, llama la atención o molesta ver pasar a tanto intrépido motociclista por el medio de la vía o, peor aún, por la derecha, exponiéndose a morir?
Años atrás (en 2022), el 40 % de las víctimas mortales de accidentes de tránsito en la capital eran motociclistas. De esto el alcalde, con seguridad, así como la Comisión de Movilidad deben tener perfecto conocimiento. Muchos atribuyen este caos a la ‘viveza criolla’. Otros creemos que las empresas de entrega de comida, encomiendas o el número de ‘conserjes motorizados’ no cumplen un número mínimo para cubrir la ciudad y por eso hacen malabares a vista y paciencia de los agentes de tránsito –a quienes su supervisor, probablemente, no ha dispuesto el operativo correspondiente–.
Ya que no hay la sensibilidad o sentido común, es urgente normar: hay por lo menos una empresa que tiene solo cuatro motorizados para cubrir desde Tababela hasta Lloa, es decir, de extremo a extremo, y a este le corresponde hacer unas 200 entregas al día llueva, truene o relampaguee. ¿Hasta cuándo hacen uso de la autoridad que la ciudad les confirió para solucionar este grave problema? Hagan un urgente alcance para la provisión de estas placas, y corrijamos estas pésimas prácticas.
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Un último consejo, lo dicen las investigaciones educativas, pongan multas bajas: con “repetidas consecuencias se pueden modificar esas malas conductas”. (O)
Diego Fabián Valdivieso Anda, economista, Quito

















