Hace unos pocos meses la Unemi, la prestigiosa universidad de Milagro, me otorgó un reconocimiento por mis obligaciones médicas y de comunicador social, me sentí halagado no por el otorgamiento sino por la presencia de los alumnos de las escuelas de enfermería que yo ayudé a formar y de medicina, todos muy disciplinados.
Mi esposa, mi hijo médico, el rector, Fabricio Guevara, y todo su equipo académico, ¿qué podía decir?, solo di las gracias desde el alma y más que de esta desde la inteligencia; y en mi intervención les dije a los jóvenes que el hombre a más del espíritu que es eterno tiene en la parte más superior, más alta el cerebro que allí está un pequeño órgano que es el cerebro con apenas kilo y medio de peso y con millones de neuronas cada una capaz de emitir un pensamiento; la más sofisticada computadora y que había que conocerla y explotarla para el bien propio y de la humanidad, que nadie es más inteligente que el otro, todos somos iguales sin distingos de raza, ni color de piel, sexo, ni género, que el pensar es un derecho y que todos tenemos la obligación de hacer la revolución, pero no con las armas de destrucción, sino con las armas de construcción.
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Todos estamos embarcados en el mismo barco, así que rememos hacia el progreso y la libertad, único destino lógico y razonable para esta inextinguible raza humana a la única que Dios le dio la oportunidad de pensar. Si queremos hablar de revolución esta hay que hacerla ¡ya! en la inteligencia, la única que nos permite identificar y reconocer toda esta enorme riqueza natural que nos rodea, donde todo está hecho a base de incógnitas, magia y misterio para que en el asombro descubramos un mundo mejor y maravilloso. Recordar siempre a Descartes “pienso, luego existo” y hay que usar el ingenio para crear. (O)
Hugo Alexander Cajas Salvatierra, médico y comunicador social, Milagro