En pleno auge de la extracción de materia primas, desarrollo de tecnologías, robotización y demás actividades económicas del rubro, Ecuador puede convertirse en una verdadera potencia industrial mundial si se lo propone, y debería proponérselo, porque el desarrollo solo es resultado de la visión y trabajo inteligente de los ciudadanos de una nación.

Ecuador, ubicado en Sudamérica, cuenta con vecinos continentales que se dedican principalmente a la extracción de materias, y a la agroexportación, lo cual abre una oportunidad para el país en materia industrial, por lo que se pueden crear las condiciones necesarias para que la industria local ecuatoriana –y en lo posible solo ecuatoriana– se desarrolle, mediante la compra de materias primas de sus países vecinos y no vecinos extractores, para lograr su transformación en diferentes productos finales, que sean atractivos para el mercado actual.

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Por poner varios ejemplos, nuestro hermano y vecino del sur, Perú, es gran productor de oro, plata, zinc y cobre, esto por mencionar algunos. ¿Qué nos impide la compra de sus extracciones en bruto y transformar el oro en piezas tecnológicas, lingotes, químicos, su zinc en aleaciones y otros productos? Su cobre se utiliza en varias piezas electrónicas muy codiciadas en la actualidad. Más al sur está Bolivia, rico, muy rico en litio, podemos comprar su litio y transformarlo en baterías, crear cristales de resistencia térmica, grasas lubricantes de resistencia térmica entre varios usos. Esta misma lógica se puede aplicar en todos los países productores.

Y no solo podemos crear piezas, sino productos finales, nada nos impide fabricar robots, drones, teléfonos celulares, televisores, motocicletas y automóviles, computadores y entre tantas cosas cualquier artículo de lo que hoy mal llaman “inteligente”.

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Para que resulte más beneficioso aún, estas fábricas se pueden repartir a lo largo y ancho de todo el país, según convenga, beneficiando a todos los ecuatorianos sin dar solo beneficio exclusivo a una ciudad o región en particular.

Pero hay más, no solo se pueden transformar minerales, también se podría transformar gases, hidrocarburos, maderas, y una infinidad de materias que podemos fácilmente transformar y vender a los mercados internos e internacionales.

Y en efecto, nada nos impide poder constituirnos como una gran potencia en todos los sentidos, porque, además, contamos con una de los mejores suelos cultivables de todo el mundo, lo cual nos convierte en una potencia agropecuaria y agroexportadora indiscutible, contamos con las mejores ciudades de todo el continente, esto nos convierte en un potencial destino residencial, comercial y turístico, contamos con una posición geoestratégica clave al estar relativamente cerca del canal de Panamá, con aguas relajadas aptas para puertos, con conexiones estables y en condiciones con países vecinos, el tamaño relativamente pequeño del país hace que sea fácil llegar a cualquier parte del país y también, que sea mucho más fácil desarrollarlo, ya que todo o la mayor parte de su superficie es de fácil alcance y acceso.

Hay que presionar y motivar para que el verdadero desarrollo del país se vuelva tendencia, tanto que hasta penetre nuestra cultura, no podemos dejar que las oportunidades se nos sigan pasando, que no vuelven, y nosotros nos merecemos ser potencia, una verdadera potencia en todos los sentidos, nuestro tamaño influye positivamente, nuestra gente tiene las características oportunas para ser la base del futuro, y esto lo tienen que ver nuestros políticos, debemos dejar de ser una colonia informal y convertirnos en lo que siempre debemos ser. (O)

Anthony Steven Ramia Mantilla, Quito