La crisis sanitaria pública, por la que está atravesando nuestro país, es devastadora con respecto a los pacientes más vulnerables ante la ausencia de los medicamentos esenciales para controlar y tratar las enfermedades más prevalentes en nuestros pacientes, como son hipertensión, diabetes, cáncer, obesidad y demás condiciones médicas.

Las autoridades sanitarias deben tener conciencia social, estar conscientes y darse cuenta de las situaciones calamitosas ante la falta de medicamentos esenciales en los hospitales del país, cirugías mayores represadas y falta de insumos anestésicos y protésicos sin poder programar cirugías mayores de alta complejidad.

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Las autoridades deben tener empatía emocional y entender el sufrimiento por el que están atravesando miles de pacientes, como consecuencia de las cirugías mayores represadas y la incapacidad de poder ser programadas por la falta de insumos médicos, tanto anestésicos como protésicos, ortopédicos, válvulas cardiacas y demás. Teniendo una conducta empática, serían capaces de ponerse en lugar de los pacientes, ser conscientes de la perspectiva diferente a la suya, de percibir cómo ven la realidad de los padecientes.

Todas estas necesidades tangibles, como medicamentos esenciales (ME). Son 500 los ME, prótesis ortopédicas, anestésicos y demás insumos médicos necesarios para que miles de cirugías mayores represadas sean programadas en los hospitales públicos durante las 24 horas y los 7 días de la semana, estimulando económicamente a los cirujanos de planta para liberar esas cirugías represadas.

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Otro grave problema sanitario público es la salud mental y las adicciones de nuestros jóvenes, que con alianzas con instituciones privadas guayaquileñas, como el Instituto de Neurociencias de la honorable Junta de Beneficencia de Guayaquil, pueden hacer convenios público-privados para la atención especializada con psiquiatras y psicólogos y puedan recibir las consultas especializadas, tratamiento con psicotrópicos y ayuda psicoterapéutica.

Además, otro problema de salud pública es el embarazo prematuro en niñas y adolescentes. En estos casos se podrían realizar convenios con instituciones que trabajan en el control de la natalidad, como la guayaquileña Aprofe.

Por otro lado, la desnutrición crónica infantil (DCI) es un problema que hay que solucionarlo de manera más eficaz, no a largo plazo. Una fácil solución es construir una planta farmacéutica con convenio alemán, con laboratorio Fresenius, para que produzcan un módulo de proteínas que tenga todos los macro- y micronutrientes, vitaminas (A, C, D) y minerales (hierro), ácidos grasos esenciales, como EPA y DHA, esenciales para evitar el deterioro cognitivo en el cerebro de los niños con DCI, lo que permitiría su correcto desarrollo y crecimiento.

Considero que las autoridades deben asumir la responsabilidad ante una grave crisis sanitaria pública y considerar una disculpa como gesto correctivo ante el pueblo ecuatoriano.

Necesitamos que las autoridades actúen ante esta crisis sanitaria en nuestro país. (O)

Jaime Galo Benites Solís, clínico intensivista, Guayaquil