Podría ocurrir que este breve comentario solo sea una equivocación apreciativa o quizás un espejismo desde un punto de vista particular, estoy casi convencido de que el individualismo en el Ecuador surgió como un reflejo o como consecuencia de esa macrodevaluación del sucre y el cambio al dólar, a partir de esa estrategia económica la mayor parte de la población ya no hizo motivo de práctica, la bondad, la solidaridad, en cambio surgió la acumulación de la moneda, que en el bolsillo de quienes lograron obtener mayores cantidades, optaron por su acrecentamiento, desconociendo sentimientos familiares y de amigos. Quedó en el oscuro camino del ayer la solidaridad, que fue trocada por la mezquindad, por la explotación, reafirmándose el individualismo en ese aforismo de primero yo, segundo yo, tercero y siempre yo.

Es una incuestionable realidad que hoy casi nadie ayuda al otro, a no ser que de por medio exista un precio. Lo que antaño se matizó como una ayuda ahora se monetizó al solicitar un favor, un apoyo ahora siempre va precedido del adverbio: ¿cuánto hay?

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Cuando por cualquier circunstancia se encuentra un anuncio que tiene que recibir un obsequio, un premio, hay quienes prenden las alertas.

Ya nuestra sociedad perdió el dulce encanto de servir al prójimo y se adueñó de nuestros corazones el egoísmo y la desconfianza. Instrumentada desde lo mínimo a lo macro, en esa puja de sacar, aunque sea algo a favor, aparece la deshonestidad entre los contratantes, cada uno jala para su molino y en resumidas cuentas esas acciones se han impregnado en gran parte del comportamiento de nuestra sociedad, la cual queda embarazosamente cuestionada como indolente, falta de empatía y sin conmoverse ante el dolor.

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Se hace muy necesario profundizar en los programas educativos, a fin de mejorar el comportamiento de nuestros conciudadanos con el aprendizaje y la enseñanza de humanidades modernas, de igual manera como se ha implementado acertadamente en el nuevo programa curricular las materias de comercio y emprendimiento. (O)

César Jijón Sánchez, técnico de mantenimiento, Daule