Azogues es depositaria de una riqueza urbana y cultural que trasciende lo evidente. Su aspecto histórico, su arquitectura republicana, su vocación artística, su entorno natural privilegiado y su identidad patrimonial constituyen un conjunto armónico que no solo define su presente, sino que ofrece una base sólida para proyectar un desarrollo ordenado, sostenible y competitivo. Sin embargo, ese potencial solo puede materializarse si es guiado por instrumentos técnicos que orienten el crecimiento con visión de largo plazo.
En este contexto, los Planes de Desarrollo y Ordenamiento Territorial (PDOT) y los Planes de Uso y Gestión del Suelo (PUGS) no son simples documentos administrativos…, son, en esencia, la hoja de ruta que articula la ciencia urbana con la gestión pública. Su importancia radica en que integran variables sociales, económicas, ambientales y territoriales bajo principios fundamentales como el derecho a la ciudad, la equidad, la sostenibilidad, la movilidad y la resiliencia. En otras latitudes estos instrumentos son para la ciudadanía lo que los textos sagrados representan para la fe; o sea, referentes incuestionables que orientan decisiones.
El desarrollo territorial, entendido como un proceso integral, requiere de planificación, coordinación, regulación y evaluación permanente. Los planes urbanos establecen con claridad qué áreas deben preservarse, cuáles pueden urbanizarse, cómo debe estructurarse la red vial, dónde deben ubicarse los equipamientos y espacios públicos, y cuáles son las prioridades de inversión. En ellos se definen estrategias, líneas de acción y carteras de proyectos que no solo responden a necesidades inmediatas, sino que anticipan escenarios.
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Cuando estas herramientas son ignoradas, el resultado es predecible: ciudades fragmentadas, crecimiento desordenado, inversiones dispersas y obras que no responden a una lógica de desarrollo. En la última década, Azogues ha evidenciado síntomas de este problema. La ejecución de proyectos desvinculados de una planificación integral ha derivado en infraestructuras subutilizadas, en dispersión de recursos escasos y pérdida de coherencia urbana.
El contraste con ciudades cercanas –como Cuenca– es ilustrativo. Allá, la disciplina en la aplicación de sus instrumentos de planificación ha permitido consolidar un modelo de desarrollo que articula crecimiento urbano, protección patrimonial, movilidad eficiente y calidad de vida. No se trata de replicar modelos, sino de comprender que el respeto por la planificación técnica es un factor determinante en el progreso de las ciudades.
Azogues no carece de diagnósticos ni de propuestas; por el contrario, cuenta con estudios, antecedentes y proyecciones que muestran con claridad su rumbo. Lo que se requiere es voluntad política para asumir estos instrumentos como ejes vinculantes de la gestión municipal, evitando que decisiones coyunturales o visiones de corto plazo desvirtúen el camino trazado.
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En este sentido, estamos a tiempo de retomar la senda de desarrollo. La clave no está en multiplicar obras, sino en priorizar aquellas que respondan a una estrategia integral. Respetar y aplicar rigurosamente los PDOT y los PUGS no es una opción técnica más, sino una condición indispensable para construir una ciudad ordenada, funcional y digna de su historia. Para ello, hay que fortalecer los equipos técnicos y su autonomía; promover la veeduría ciudadana; y, consolidar una visión compartida de ciudad. (O)
Eugenio Morocho Quinteros, arquitecto, Azogues
















