Por un momento me traslado al futuro, unos millones de años, dentro de la Vía Láctea: estrellas, planetas, satélites y agujeros negros han ido cumpliendo su cometido en el universo. El mapa resultante ha originado una expansión y una posición distinta desde su origen primigenio. Estrellas explotaron como globos de cumpleaños; agujeros negros buscaron la singularidad hasta límites fuera de toda ley física conocida, engulléndose mutuamente hasta convertirlo todo en un espectro de materia oscura, sin referencias de la física humana.

​Toda la materia contenida en el espacio-tiempo ya no forma parte de nada. Por más negativo y agorero que pueda resultar este relato, viene a ser el desarrollo lógico por el que pasamos todo ser viviente, cuyo sentido último parece reducirse a procrear para la propia destrucción; atravesando letargos dogmáticos, egocéntricos y engañosos. Una constante explosiva mantuvo este disparate originado desde un punto imaginario que se expandió hasta engullirse y desaparecer por sí mismo, sin dejar rastro en el infinito del que se hablaba. Esta historia también encaja con la historieta real y actual. (O)

Publicidad

Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte, Albacete, España