Con mucha preocupación estamos viendo los últimos acontecimientos sucedidos en nuestro país, como huelgas, confrontaciones, secuestros, robos, crímenes, muertes colaterales, siendo la causante de este problema la práctica de los antivalores, como el odio, la envidia, la desunión, la ambición de quienes deben dar ejemplo de amor a la patria, de lucha y de trabajo organizado.

Estas situaciones poco a poco crean un ambiente de desestabilización emocional, afectando la calidad de vida de sus habitantes por la incertidumbre que estamos viviendo. Son estos hechos que suceden diariamente los que nos hacen pensar y preguntarnos: ¿hacia dónde vamos?

Estos grandes cambios han transformado nuestras vidas y permitido pasar de la paz y del respeto a un mundo de conflictos, llenando nuestro entorno de expectativas y dubitación.

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La delincuencia e inseguridad como marco del diario vivir perjudica directamente a los niños y jóvenes, porque están creciendo en medio de un mundo que se presenta ante sus ojos como un laberinto donde solo pueden entrar y nunca encontrar la salida. ¿Qué pasó? ¿Por qué llegamos a estos cambios bruscos de comportamiento y de pensamientos? ¿En qué estamos fallando?

Debemos llegar primero a la familia como base de la sociedad, donde no es el dinero el que nos enseña a vivir; este solo es un medio para subsistir. Lo más importante es convivir con fe en Dios como guía de nuestras vidas.

Debemos recordar cómo nos educaron nuestros abuelos y padres, quienes nos dieron el ejemplo de vida, inculcándonos respeto, obediencia y solidaridad. En ese tiempo, el saludo era practicado diariamente, las disculpas y las gracias estaban a flor de nuestras palabras y lo primero que se hacía al amanecer era dar gracias a Dios por el nuevo día. Lo importante es que siempre estuvimos felices con lo que teníamos, vivíamos en un mundo de igualdad para todos, manteníamos muy buena relación y el odio no estaba en nuestras vidas.

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Se supone que hay tantos adelantos en esta época, en la que la tecnología y los grandes avances en las ciencias servirían para ser mejores personas y vivir en convivencia pacífica, pero todo cambió y ahora vivimos en un laberinto. Por eso, es muy importante reconocer hacia dónde vamos y darnos cuenta de que estamos en peligro. Pensemos en esta generación, que en los albores de su vida se encuentra con un mundo lleno de adversidades e injusticias, siendo esto causa de desvíos para sus vidas. Debemos dar el ejemplo para que ellos puedan aplicarlo. (O)

Alicia de Jesús Carriel Salazar, docente, Guayaquil