Desde la adolescencia estuviste presente en mi vida como profesor de religión en el Cristóbal Colón, luego como consejero espiritual, porque también fuimos vecinos en el Barrio del Centenario en esos complicados años juveniles en los que combiné tus enseñanzas con las de mis padres y hermano. Una vez graduado de la universidad, me nombraste profesor de Macroeconomía en la Universidad Católica, lo que motivó mi pasión por el estudio de la economía, y actualmente soy columnista de EL UNIVERSO.

En la crisis bancaria de 1998 volvimos a conversar sobre la situación del Ecuador, antes que fueras presidente constitucional, cuando lograste implementar la dolarización, bajar la inflación e iniciar el crecimiento económico en el periodo 2000-2004. Es justo reconocer tu honradez, eficacia, gran fe, fortaleza espiritual y decisión para asumir

el reto de salvar al Ecuador. Como es difícil ser un político íntegro y frontal, sufriste los embates de la política, yendo al exilio forzado fuera del país, que gracias a la fe en María Auxiliadora pudiste sobrellevar. Volví a verte en el 2009 cuando me visitaste por un tema de negocios y hace pocos años te invité un cafecito, aunque nunca pensé que sería la última vez que tendríamos una de aquellas siempre amenas y cálidas conversaciones... No tuve el honor de ser un Gustavino formal, pero siento que lo he sido en la periferia, y quiero agradecerte por el tiempo dedicado a este cristobalino, sin esperar nada a cambio. Gracias Gustavo Noboa por el regalo generoso de vida y las enseñanzas que diste a muchos jóvenes, que sabemos que sí existen los políticos honrados, que son buenas personas y que, además, buscan el bien común. Dios debe estar contento de haberte recibido y seguro estoy que lo hizo con la misma alegría de cuando te envió a mejorar nuestro mundo. (O)

Eduardo Salgado Manzano, Guayaquil