El triunfo del no en la consulta popular y referéndum de este mes no fue simplemente un rechazo puntual a ciertas medidas o preguntas, sino la expresión de una profunda desconfianza estructural hacia el presidente Daniel Noboa y su forma de gobernar. A pesar de contar con mayoría en la Asamblea Nacional y de haber incrementado el IVA del 12 % al 15 %, según el Gobierno, para enfrentar el alto nivel de inseguridad, estas acciones no han sido suficientes para combatir dos de los mayores problemas del país: la violencia y la pobreza, sin contar la corrupción. A ello se suma la evidente decadencia del sistema sanitario público, conformando un escenario propicio para que la ciudadanía rechazara las propuestas del Ejecutivo.

Muchos votantes interpretaron las preguntas de la consulta como riesgos para la democracia, la soberanía, la regresión de derechos conseguidos y la representatividad. Para amplios sectores, el no se convirtió además en un vehículo para canalizar el descontento social, especialmente en territorios duramente afectados por el crecimiento de la violencia. Aunque se intente maquillar la realidad, esta es la vivencia diaria del ciudadano común, algo que se evidenció en las urnas: en los diez cantones con mayores índices de criminalidad, el no se impuso con márgenes contundentes.

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Otro factor que contribuyó a la victoria del no fue la lectura que gran parte de la ciudadanía hizo sobre la actuación del Estado frente a las protestas recientes. Aunque muchos partidarios del Gobierno respaldaron la represión, numerosos ciudadanos –tanto manifestantes como quienes, sin participar en las movilizaciones, rechazaban las medidas económicas– percibieron esas acciones como una vulneración del derecho constitucional a la protesta. Más allá de la postura individual sobre las movilizaciones, quedó claro para el país que el Gobierno desplegó un aparato represivo sin precedentes y actuó con contundencia contra los manifestantes, incluso cuando estos ejercían un derecho legítimo. Esa intervención dejó a personas fallecidas, lo que acentuó el contraste con la ausencia de acciones igualmente firmes y sostenidas contra la delincuencia organizada y común. Esta diferencia, visible para toda la ciudadanía, contribuyó de manera significativa al triunfo del no.

Si a todo esto le sumamos la muy escasa obra pública por parte del Gobierno, el resultado es el coctel perfecto para que ganara el no. (O)

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Pedro Javier Triviño Rodríguez, biólogo, Barcelona, España