Todos somos inteligentes, pero no todos alcanzamos la sabiduría. Ser inteligente es la capacidad de saber algo mientras la sabiduría es la capacidad de aprender algo... quizás más útil es la sabiduría porque nos enseña cómo aplicar la inteligencia.

La inteligencia es el privilegio del cual Dios dotó al ser humano. Este ha tenido que luchar con los mitos y leyendas para sacudirse de la ignorancia a la cual siempre apoyaron los poderosos. Recuerdo la odisea de Prometeo, personaje de la mitología griega que se atrevió a robarse el fuego de los dioses del Olimpo desafiando a Zeus, quien lo castigó encadenándolo a una roca para que diariamente un águila le devorara su hígado sufriendo un terrible tormento hasta ser liberado, este gesto de rebeldía permitió la liberación de la esclavitud y con este fuego se dio paso a la ciencia, cultura y libertad.

Publicidad

Con la inteligencia se nace, todos somos inteligentes, la sabiduría se adquiere con el estudio, la investigación, la intuición, la meditación, el análisis, la exploración, la curiosidad rompiendo a veces esquemas tradicionales. El Prometeo de la tradición judío-cristiana es la serpiente que seduce a Eva para que proponga a Adán el comer del fruto prohibido del bien y del mal, por lo cual son expulsados del paraíso y como no hay mal que por bien no venga, tanto Adán como Eva tuvieron la responsabilidad de asumir su propio destino y explorar un nuevo mundo.

Y en esta pelea contra la injusticia y la ignorancia aún hay hombres que se creen dioses porque se oponen al bienestar común, inventándose movimientos para mantener oprimidos a los más pobres mientras una minoría disfruta de todos los bienes de la humanidad. Debemos sacudirnos de la ignorancia e ir en busca de ese fuego sagrado de la sabiduría y el progreso que debería ser el norte de toda la humanidad. (O)

Publicidad

Hugo Alexander Cajas Salvatierra, médico y comunicador social, Milagro