El vaticinio del FMI (Fondo Monetario Internacional) de que el PIB de Ecuador va a crecer en 3,5 % para el 2022, superior al 2021 de 2,7 %, es un tanto utópico. Pensar que nuestro país mejorará con su escuálido aparato productivo si apenas nos estamos defendiendo con los productos no tradicionales, como el camarón, algo de flores, etc.; no puede haber incremento cuando la población se encuentra en desempleo en el orden del 74 % porque no existen fuentes de trabajo.

Fundamos esperanzas en préstamos que poco o nada favorecen a los intereses del país, por lo tanto, es importante señalar que si fuimos tentados por los $ 6.000 millones que planeó otorgarnos el FMI, y hoy el saldo de los $ 1.000 millones que faltan por entregar en plena pandemia de coronavirus, producto de otro tipo de guerra de corte biológico, recomiendan expertos congelar los pagos por no existir suficiente circulante para atender la salud, la educación, la vivienda y la alimentación. Los valores que América Latina debe a sus acreedores oscilan en el orden de $ 1,47 billones. Le corresponde al Ecuador, del año 2021, el 5 % y es de $ 73.200 millones por pagar. A China se deben $ 5.189 millones con un petróleo pignorado.

Tal parece que la pandemia mundial no ha afectado al FMI, por el contrario, sigue cobrando y endeudando a los países de escasos recursos económicos, como Ecuador, donde aumentan los desocupados e informales en el orden del 74 % con el disfraz de emprendedores. Y seguiremos en el mismo lugar, donde no podamos atender esos préstamos internacionales.

El Fondo Monetario Internacional debe ser sensible a la pandemia del COVID–19 que sigue afectando al mundo, y pensar una vez más que los países agrícolas son los que proveen de materias primas a los países desarrollados para generar productos industrializados. (O)

José Víctor Arrobo Reyes, economista, Guayaquil