Ecuador y Estados Unidos acaban de suscribir un acuerdo de comercio recíproco, lo alcanzado es parte de una estrategia gubernamental para garantizar un mejor y mayor acceso de los productos ecuatorianos a un mercado tan importante en número de consumidores y poder adquisitivo como el de los Estados Unidos. Claro está que estos esfuerzos no son de ahora, siempre ha existido un interés por llegar a un acuerdo comercial con este país; recordemos que el Ecuador avanzó hace más de 20 años hacia un acuerdo de libre comercio junto con Colombia y con Perú, pero, lamentablemente, el expresidente Correa, como él mencionó, puso en el “tacho de la basura de la historia” las negociaciones que hasta ese momento habíamos llevado por pensar más con tintes políticos e ideológicos antes que el pragmatismo, que es lo que debe guiar las decisiones en materia económica y comercial. Algunas décadas después, Colombia y Perú han aprovechado de gran manera el ingreso de sus productos hacia el vecino del norte; Ecuador, en cambio, le ha tocado, por culpa del socialismo del siglo XXI, mendigar un acuerdo comercial, representado en su momento bajo acuerdos de preferencias arancelarias o el ATPDEA, que era un beneficio unilateral que Estados Unidos brindaba al Ecuador y que en algunos momentos no estuvo vigente. Vinieron otros modelos, pero al final del día era un beneficio unilateral que dependía mucho del gobierno que rija en EE. UU. en ese momento. Ahora, después de varias negociaciones, inicialmente para desmantelar las sobretasas arancelarias que EE. UU. colocó a todos los países del mundo, se logra la firma de este importante acuerdo recíproco de comercio que brinda acceso a este mercado a un 53 % de la oferta exportable no petrolera que dirige Ecuador hacia ese país, reflejado en casi 1.700 partidas arancelarias y que representaría $ 2.900 millones de poco más de $ 6.000 millones que se venden hacia esa economía.

Sin duda, los beneficios de este acuerdo se reflejarán en mayor creación de plazas de trabajo, tanto directos e indirectos, especialmente en el sector agrícola, como banano, café, cacao, entre otros, el hecho de que maquinarias de diversas índoles ingresen al país con menores costos, contribuirán a la reducción de los costos operativos de las diversas industrias que se beneficiarán, la eliminación de barreras arancelarias y sobretasas, mejorando así la rentabilidad de los productores ecuatorianos. Al ser entonces un acuerdo de largo plazo, esto permitirá ir sentando las bases para un crecimiento sostenido alrededor del 8 % al 10 % anual a través de la facilitación aduanera, comercio electrónico, reglas de origen y propiedad intelectual. Esperemos que en poco tiempo se avance a cristalizar un acuerdo de libre comercio con el cual ya tenemos un retraso de casi 25 años, que dé paso a toda la oferta exportable ecuatoriana e ingrese sin aranceles, como el camarón, por ejemplo. Esto, sin duda, beneficiará sostenidamente a la economía ecuatoriana y deja atrás aquellos sinsabores que por la ideología sin sentido perjudicó a un país. (O)

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Jorge Calderón Salazar, académico y analista económico, Guayaquil