Según la intensidad del viento, este nos muestra sus ganas de involucrarse en nuestro estado de ánimo anidando en nuestros sentidos. La suave brisa cerca del mar nos invita a disfrutar de su inmensidad con la caricia refrescante en el rostro. Cuando ruge enfadado, azotando las aguas en los rompeolas, nos muestra su invisible fortaleza dominante; toda posición vertical a su paso tiembla a sabiendas de su incontestable carácter impertérrito. ​Cuando se deja notar dentro de las ciudades con altos edificios, grandes parques y mobiliario urbano no le tiembla el pulso para tutearlos. ​Nuestro compañero invisible, que también nos regala los beneficios de poder surcar los mares “navegando viento en popa a toda vela…”, genera además energía eléctrica con esos gigantes eólicos, mostrando así sus distintas caras poderosas e invisibles. (O)

Jesús Sánchez Ajofrín Reverte, Albacete, España