El diálogo es un imperativo que mide el nivel de civilización de una sociedad. Es un termómetro del grado de desarrollo que ha alcanzado una persona. Es que el simple hecho de escuchar al otro y poder hablar ya refleja una destreza humana, de salir de uno mismo y de permitir que el otro me interpele. Nos desdobla, creando una relación de doble vía, opuesta al monólogo, que es un individualismo exacerbado.

Tanta falta que hace, en tiempos de polarización y autoritarismos, volver a un diálogo frontal y honesto, de respeto, en el que se busque no imponer un criterio único, sino juntos buscar la verdad que nos hace libres, a la vez que nos permite crecer en comprensión al otro. (O)

Cristhiam Carpio Castro, Guayaquil