Dicen que nada ocurre sin traer consecuencias y me hago la pregunta, ¿qué hubiera sucedido si en el 2017 el triunfo del señor Guillermo Lasso Mendoza se lo reconocía? Los de la década degenerada en su irracional entendimiento de pensar que el país era su hacienda privada, hubieran causado el caos, aumentando la inseguridad que vivíamos. Ningún ecuatoriano propicio al cambio de virtudes cívicas pudimos aceptar tamaño fraude, sin embargo las consecuencias hubieran sido terribles con el innombrable en el ejercicio del poder, llevado no solo por su miedo sino por temor a descubrirse todas sus nefastas acciones en contra de la conciencia ecuatoriana, con repercusiones internacionales; hasta se hubiese declarado no solo ‘perseguido’ sino ‘odiado con instigaciones del imperialismo’, justificando su tendencia a la dictadura; menos mal que quien lo hizo fue de su propia cosecha al que calificó de traidor, ¿a quién, a sus intereses o a la patria?

Pretenden ahora ser ecuánimes ante lo irreversible. Han aceptado la derrota fungiendo ser democráticos, cuando sus actos y obras los contradicen.

Este ambiente ha influido en la faz nacional de tranquilidad y relevo constitucional. De cuatro años, retrospectivamente creemos ver consecuencias cívicas positivas. Se ha producido el triunfo del candidato (Lasso) que promete ecuanimidad, progreso, evitar la corrupción, el latrocinio, descubriendo y recuperando lo robado sin soportar extremas acciones perjudiciales. Cívicamente, hasta diría emocionalmente, hemos logrado cambiar la conciencia nacional y hoy esperamos ese futuro de esperanzas y fe -reconociendo que nos salvamos de mayores desgracias de haber ocurrido en el 2017 lo que señalé-, dando un giro cívico: volver a los verdaderos cimientos republicanos y democráticos sin revanchas ni odios, como sin duda hubiera hecho lo contrario el innombrable, conforme lo declaró públicamente.

... Hoy, el pedido nacional es que se nos permita vivir legal y limpiamente hacia el futuro. Que la experiencia y el buen criterio del presidente electo sean sus nortes con visión pragmática y holística impregnados de amor patrio, hacia resoluciones nacionales y dirigidos a todos, con inclinación hacia los más desfavorecidos. Nuestros sociólogos tendrán la respuesta veraz de esta realidad social. Como ciudadana orgullosa de mi ancestro de ecuatorianidad, doy gracias a Dios que sin duda quiere y ampara al Ecuador. Nunca el mal triunfa ante el bien. (O)

Regina Zambrano Reina, doctora en Jurisprudencia, Guayaquil