Un señor de más de 70 años me decía: “Doctor, no puedo dormir, deme una pastilla para el sueño”. Yo le sugerí que no duerma mucho y trate de estar con los ojos bien abiertos, pues después de algunos años iba a tener todo el tiempo del mundo a su disposición, para dormir eternamente. Que disfrute de las bellezas que nos depara el mundo y la naturaleza y no se sienta viejo. Que se ponga a sembrar plantas, aunque sea en su patio y críe los animales que más le gusten y dirija su mirada hacia arriba y vea ese inmenso lienzo que es el cielo, en el que se proyectan los más inusitados cuadros, pintados por el más prodigioso de los artistas: el Sol. Que sale todos los días a pintar sus cuadros al comenzar el crepúsculo.

En mi criterio, el mejor remedio contra el insomnio es no ponerse a pelear con él y darle a entender que no nos desesperamos por dormir. Mientras tanto, póngase a leer un libro o una revista. Vea algún programa televisivo instructivo y sentirá cómo los ojos se le cierran solos. Y, lo más importante: un buen colchón. Nos pasamos la tercera parte de nuestra vida, casi 25 años, sobre él y, sin embargo, no compramos uno bueno, además, después de dos o tres años, por regla general, ya no sirve. Una buena almohada, a nuestro gusto, es otro de nuestros mejores compañeros e, igualmente, debe ser de la más buena calidad. Duerma en un viejo colchón o con una mala almohada y verá cómo despierta al siguiente día. No ingiera alcohol ni café por las noches. Tanto las bebidas alcohólicas como la cafeína son estimulantes del sistema nervioso central.

No olvide que ninguna persona es igual a otra, ni siquiera entre hermanos gemelos y, mientras unas personas necesitan muchas horas para recuperarse, otras lo hacen con pocas. Lo importante es dormir bien. Dejando los problemas para resolverlos siempre al siguiente día. (O)

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Hugo Alexander Cajas Salvatierra, médico y comunicador social, Milagro