El lunes 11 de abril me dirigí al Ministerio de Relaciones Exteriores (Cancillería) para apostillar un documento. Obtuve mi turno en línea y llegué a la oficina puntual, me pidieron mi cédula y revisaron mi documento. Esperé dos horas y media para ser informada que mi documento necesitaba ser actualizado y legalizado. Yo ignoraba que a partir de los dos meses de emisión del Registro Civil el documento perdía validez. Algo que me hubiera gustado que las personas de recepción que revisaron la documentación me hubieran dicho y de esa manera no perder tiempo.

Fui al Registro Civil y obtuve el documento nuevamente, mi siguiente cita era el jueves 14 de abril de 12:30 a 13:30. Estuve puntual, pedí que me revisaran el documento a conciencia para evitar inconvenientes. La espera fue casi cinco horas, se observaba dos de las cinco

ventanillas, constantemente, vacías hasta llegar a quedar solo una habilitada a las 17:00. Hubo una persona que se atrevió a protestar por el retraso, por persona se demoraban alrededor de 30 minutos. Llegó la policía y todos apoyamos al ciudadano porque estábamos en la misma situación, recién en ese momento empezaron a mover los números de turno en la pantalla. Después de casi cinco horas me atendieron a las 17:00, me dieron un código para que pagara en el banco, pero el banco había cerrado a la misma hora que fui atendida en ventanilla porque “la caja se cierra automáticamente” y para evitar eso, el señor de la ventanilla de cancillería debía informar al cajero del banco que todavía hay personas esperando ser atendidas. Imploré, supliqué, estaba agotada, como todos los presentes, y la solución del encargado fue decirnos que podíamos regresar el lunes “sin ningún problema”. El enojo fue total, una burla. La burocracia en nuestro país no se puede extirpar. (O)

María Piedad Lombeida Alejandro, Guayaquil